
El comportamiento impulsivo es frecuente en el ser humano. Hablamos de trastorno del control de los impulsos cuando la persona experimenta tiene dificultades para resistirse a la hora de llevar a cabo una acción que puede generar perjuicios, tanto a ella como a los demás.
El descontrol de los impulsos es muy parecido al patrón comportamental que se sigue en las adicciones. Uno siente la necesidad de hacer algo, en forma de tensión o activación interior, sensación que puede producirle un desasosiego importante y lo moviliza para realizar la acción, incluso aunque sea consciente de que ésta puede ser dañina para él o para otras personas.
Según asciende la tensión el autocontrol suele ser cada vez menor, hasta que llega un momento en que lo que se piensa pasa a un segundo o tercer nivel y sólo importa conseguir el objetivo.
Una vez que se cede al impulso y se lleva a cabo la acción la persona suele experimentar una sensación de placer, gratificación o liberación. Esto no es obstáculo para que posteriormente surjan arrepentimiento, auto-reproches o culpa, aunque no siempre sea así.
Parece lógico plantearse que en los comportamientos adictivos hay un componente impulsivo importante, mientras que podría haber conductas en las que existe descontrol de los impulsos pero no componente adictivo y que quizás podrían entrar más dentro del patrón de abuso que del de dependencia.
Los trastornos del control de impulsos tienen en común el fracaso por parte de la persona en controlar el impulso de llevar a cabo un acto que supone un daño para sí misma o para los demás, la sensación creciente de tensión o activación antes de llevar a cabo el acto, y la experiencia de placer o liberación en el momento de consumar el acto.
El trastorno explosivo intermitente implica la ocurrencia de episodios puntuales en los que se pierde el control sobre impulsos agresivos que dan lugar a actos violentos graves o de destrucción de la propiedad, sin que dicha agresividad sea explicable por la situación previa. El trastorno explosivo intermitente con frecuencia se asocia al abuso de alcohol, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad y los trastornos de la personalidad.
La cleptomanía se caracteriza por el impulso de robar objetos innecesarios, de los que posteriormente la persona puede deshacerse (regalándolos, escondiéndolos o incluso devolviéndolos). A diferencia de otro tipo de robos, el cleptómano no obtiene ningún beneficio personal de sus robos más allá del alivio de la ansiedad cuando se efectúa el robo. Los trastornos psicológicos con los que la cleptomanía se asocia con más frecuencia son los trastornos del estado de ánimo (especialmente depresión), el trastorno obsesivo-compulsivo, los trastornos de la alimentación (especialmente bulimia nerviosa) y el abuso de alcohol.
Se entiende por piromanía la realización de incendios de forma deliberada, acompañado de la fascinación y atracción por el fuego, y de sentimientos de placer o alivio de la tensión afectiva experimentada antes de prender fuego. La piromanía aparece frecuentemente asociada a problemas de conducta en la infancia, y a trastornos de la personalidad, abuso de alcohol, y síntomas psicóticos en la edad adulta.
La tricotilomanía se caracteriza por el impulso de arrancarse el pelo y la importante pérdida de éste como consecuencia. De nuevo la persona siente placer o alivio de la tensión afectiva al arrancarse el pelo. Las áreas afectadas suelen ser el cuero cabelludo, las cejas, las pestañas y la barba, aunque puede afectar a cualquier otra parte pilosa del cuerpo como axilas o pubis. La persona con frecuencia niega el hecho de que se arranque el pelo. En la edad adulta la tricotilomanía aparece asociada a trastornos de ansiedad (especialmente trastorno obsesivo-compulsivo), depresión, abuso de alcohol, trastornos de alimentación, psicosis y trastornos de la personalidad.