Obesidad

CAUSAS DEL EXCESO DE PESO Y SU TRATAMIENTO


La obesidad desde el punto de vista psicológico es difícil de definir, ya que se pueden considerar varias teorías psicológicas que pueden explicarla y que estipulan su posible etiología y su tratamiento. A pesar de que todavía no es clara la relación entre la obesidad y algún síndrome psicológico o conductual de características propias, es más común encontrar alteraciones de la personalidad y problemas psiquiátricos en personas obesas que en las de peso normal, ya que la obesidad puede ser visualizada como el síntoma o la consecuencia de un problema de ajuste psicológico o social, que atenta contra las cualidades emocionales, percepción del propio funcionamiento, calidad de vida y habilidades sociales de estas personas a cualquier edad, especialmente por las características estigmatizadas por la sociedad. Esto sin olvidar las consecuencias psicopatológicas del seguimiento de dietas y de los ciclos de pérdida-recuperación de peso, donde los programas de tratamiento conductuales deberán estar basados en las técnicas de autocontrol, dotando al sujeto de habilidades que le permiten identificar y controlar su propia conducta, mejorando los hábitos de alimentación y los niveles de actividad física, contribuyendo a la disminución de problemas como la falta de apego a la terapia.

Aparentemente las personas con exceso de peso son personas felices , y sin problemas a la hora de relacionarse , pero realmente son personas pasivo-dependientes , con complejo de inferioridad y con una enorme necesidad de ser amados .
La obesidad puede estar asociada a diferentes trastornos psicológicos , las personas con exceso de peso viven hoy en día en una sociedad "obeso -fóbica "
Que estigmatiza al obeso , esto les crea sentimientos de inferioridad , dificultad a la hora de encontrar mejores trabajos y de encontrar mejores parejas (las personas obesas casi siempre buscan parejas obesas.)
Las personas con exceso de peso viven presionados socialmente , la persona obesa puede desarrollar una psicopatía que puede derivar en un trastorno alimentario.
Los obesos se pasan la vida con dietas estrictas para controlar su peso , seguidas de episodios de descontrol los cuales generan depresión , ansiedad , irritabilidad , episodios de bulimia , junto sentimientos de culpabilidad muchas veces creados por su mismo entorno social (amigos , familiares etc...)  que los presionan logrando producir en el obeso nuevas patologías psicológicas.


 
Alteraciones psicológicas frecuentes:


Imagen corporal distorsionada :

La imagen corporal es una representación psicológica subjetiva que puede llegar a ser sorprendentemente diferente de la apariencia real (cash & Pruzinsky, 1990). La imagen corporal clásicamente (Slade 1994) se la define como la representación que se tiene del tamaño, contornos y forma del cuerpo y el sentimiento que trae aparejado sus características y las de sus diferentes partes constitutivas.

Muchas personas con sobrepeso desarrollen una imagen corporal negativa(Rosen, 1996) cuyas características son:  

  •  Preocupación estresante, dolorosa por la apariencia, más perturbadora e inhibitoria que una simple insatisfacción.

  • Timidez y vergüenza en situaciones sociales.

  • Excesiva importancia dada a la apariencia en la autoevaluación.

  • Autovaloración negativa debido a la apariencia y evitación de actividades por vergüenza por la apariencia física.  

  • Incomodidad, angustia, cuando la apariencia es percibida por otras personas.


La insatisfacción con la imagen corporal en la obesidad no solo es una motivación frecuente para intentar bajar de peso sino también puede ser motivo de un importante y significativo impedimento y malestar crónico ya que influye en los pensamientos, sentimientos y conductas repercutiendo además notablemente en la calidad de vida de quien la padece.

Descontrol alimentario. (ATRACÓN ALIMENTARIO):

Es un Trastorno Alimentario que se caracteriza por descontroles alimentarios recurrentes en ausencia de la conducta compensatoria inapropiada típica de la Bulimia Nerviosa (p.ej. autoinducción del vómito, abuso de laxantes u otros fármacos, ayuno y ejercicio físico excesivo), por lo menos dos veces por semana durante seis meses.

Durante estos episodios, la persona afectada ingiere grandes cantidades de comida, generalmente en menos de dos horas, con una sensación de pérdida de control sobre que se come y cuanto se come, seguido por sentimientos de culpa y por una sensación de enojo/deseperación/decepción por no poderse controlar. Finalmente, repercute sobre la idea o la preocupación de la figura corporal, afectando directamente a la disminuida autoestima.




Criterios diagnósticos en el síndrome de descontrol alimentario (DSM IV)



 Etiología:

Restricción alimentaria:

Diversos estudios han observado que la restricción alimentaria puede preceder o no al SDA (Berkowitz, Spitzer), quizás sea la "perdida de peso" el factor interviniente en la alimentación.

A. Episodios recurrentes de atracones. Un episodio de atracón se caracteriza por las dos condiciones siguientes:
1. Ingesta, en un corto período de tiempo, de una cantidad de comida definitivamente superior a la que la mayoría de las personas podría consumir en el mismo tiempo y bajo circunstancias similares.
2. Sensación de pérdida del control sobre la ingesta durante el episodio (p.ej. sensación de que uno no puede parar de comer o controlar qué o cuánto está comiendo).

B. Los episodios de atracón se asocian a tres o más de los siguientes síntomas:
1. Ingesta mucho más rápida de lo normal.
2. Comer hasta sentirse desagradablemente lleno.
3. Ingesta de grandes cantidades de comida a pesar de no tener hambre.
4. Comer a solas para esconder su voracidad.
5. Sentirse a disgusto con uno mismo, depresión, o gran culpabilidad después del atracón.

C. Profundo malestar al recordar los atracones.
D. Los atracones tienen lugar al menos dos días a la semana durante seis meses.
E. El atracón no se asocia a estrategias compensatorias inadecuadas (p.ej. purgas, ayuno, ejercicio físico excesivo) y no aparecen exclusivamente en el transcurso de una Anorexia Nerviosa o una Bulimia Nerviosa.

 
El SDA puede estar asociado a las siguientes situaciones psicológicas:

Depresión: su presencia es mayor en este grupo de pacientes.
Ansiedad, angustia, aburrimiento podrían desencadenar el descontrol alimentario.
Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC): no se ha encontrado un aumento de la prevalencia entre el SDA y TOC.
Adicción: estudios psicobiológicos han formulado hipótesis sobre la relación entre SDA y conductas de gratificación alimentaria o conducta adictiva, como lo es la hipótesis dopaminérgica donde habría una relación con el núcleo accumbens y el haz mesolímbico nigroestriado y o la hipótesis del papel central del NPY (neuropéptido Y, péptido orexígeno sintetizado en núcleo arcuato) o la serotonina.



El comer, o mas exactamente masticar, al suponer un gasto de energía y al implicar una forma de desgarrar y triturar (actividad un tanto agresiva) se transforma en una forma de reducir la ansiedad, forma rápida y pasajera pero al alcance del paciente.
Si el comer como recurso antiansiedad se transforma en algo habitual con el tiempo se engordará, incluso estableciendo en algunas personas un círculo vicioso donde la ansiedad se reduce comiendo, por ende engordando, y este aumento de peso genera un motivo de alarma, de preocupación, por lo que nuevamente aparece la ansiedad y una vez más se come como mecanismo compensador.

Cuando la causa que motiva la ansiedad no se identifica, la persona entra en un estado de ansiedad continua, que de forma muy frecuente alivia comiendo.

Las causas que más frecuente despiertan una ansiedad crónica son:

  • Miedo a no controlar los propios impulsos agresivos: ya sea relacionados a determinadas personas, a un pasado violento o a fantasías infantiles de agresión.

  • Miedo a no controlar impulsos sexuales: como tendencias homosexuales o deseos inapropiados.

  • Miedo a perder la estabilidad laboral y económica: generalmente más frecuente en el sexo masculino debido a la responsabilidad que en el recae.

  • Miedo a la despersonalización: si bien se encuentra en estados graves de depresión, puede observarse en personas de estado psicológico normal, sometidas a cambios bruscos en su modo de vivir donde el comer en forma exagerada reduce la ansiedad que ello provoca.

  • Miedo a que la vida se deslice por senderos imposibles de controlar: se observa cuando los acontecimientos que afectan a un apersona supera su capacidad de adaptación.

  • Miedo a no alcanzar metas personales o estándares sociales.

  • Miedo a la repetición de acontecimientos traumáticos.


La ansiedad puede adoptar diversas formas pero aquella más relacionada con la obesidad es la ansiedad generalizada, es decir aquella que está presente a niveles no muy elevados, pero es casi permanente. Este tipo de ansiedad al no ser muy elevada, consigue un porcentaje de reducción importante con el acto de comer. Al ser constante su presencia y su reducción con el comer se provoca un aumento de peso.

Manifestaciones depresivas:

En esta psicopatología se pueden describir las siguientes características:

  • Quien la sufre parece incapaz de atender, percibir y procesar los estímulos y situaciones gratificantes. Toda su atención y todo su trabajo interno parecen concentrarse únicamente en lo negativo.

  • Pérdida de interés por las actividades o situaciones que anteriormente resultaban gratificante.



Estas características o parte de ellas están presentes de manera permanente, no ocasional, cuya duración puede ir desde varios meses hasta varios años.
Además de las características mencionadas pueden agregarse elementos biográficos y psicológicos que facilitan la aparición de la depresión.
El comer en exceso ciertos alimentos puede contribuir a cerrarle paso a la depresión.
Algunas personas presentan un estado de ánimo decaído, sin muchas fuerzas para realizar tareas habituales que no llega a ser una auténtica depresión, las cuales sienten (aunque sin relacionar una cosa con otra) como aumenta su deseo de consumir chocolate, alimentos estimulantes, carne y otros productos ricos en proteínas e hidratos de carbono.
Estos alimentos tienen en su composición química elementos que aumentarían los niveles de serotonina, neurotransmisor que se encuentra disminuido en esta patología.
Esos kilos de más producto del consumo de alimentos muy calóricos sería el precio que la persona paga por poner un dique de contención a la depresión.

Dado que las personas obesos no suelen estar satisfechas con su imagen corporal, que frecuentemente se aíslan del contacto social, o no se atreven a iniciar contactos eróticos por temor al rechazo, etc, se puede establecer un círculo vicioso donde el comer se transforma en un acto para reducir la insatisfacción y la amenaza de depresión.

Trastornos de la sexualidad


De muy distintas maneras puede la sexualidad de una persona relacionarse con su obesidad.

Insatisfacciones sexuales que se pagan comiendo
.

Si bien, el contacto sexual con otra persona puede deparar altos niveles de placer, el deseo frustrado de esta satisfacción ocasiona también mucha insatisfacción, y si esta se mantiene durante largo tiempo se tiende a buscar otra satisfacción que, aunque de manera imperfecta, la compense. Son muchos los placeres que se pueden exagerar con tal de amortiguar la insatisfacción sexual, uno de ellos es el placer de comer. Son muchas las personas que utilizan la comida como satisfactor de necesidades que nada tienen que ver con lo nutricional.

Miedo a relaciones sexuales que se dificultan engordando
.

El miedo a entrar en una relación afectivo-sexual puede provocar que a nivel inconsciente algunas personas se permitan engordar o no sean eficaces en sus intentos por adelgazar, para de esta manera, ser menos atractivas y dificultar la relación sexual que tanto temen, incluso aunque la deseen. Esto puede ocurrir:

  • En mujeres que están en pareja, con miedo de ser infieles;

  • Chicas jóvenes con miedo a iniciarse en el mundo de la sexualidad activa. Este miedo puede deberse a historias truculentas relacionadas con el sexo, hayan sido vividas o transmitidas por la generación anterior, o bien al deseo de permanecer en la infancia y, por lo tanto de postergar el ingreso en la vida adulta. (este último aparece por miedo a perder la protección y el contacto afectivo con los padres, injustificado generalmente, justificado otras, y hasta estimulado por los padres en algunas ocasiones, y se instala en adolescentes que van cumpliendo años pero no cumplen con las etapas evolutivas que les corresponde. A su vez, la insatisfacción por no alcanzar las experiencias propias de su edad y la ansiedad aparecida ante el peligro de quedar sin el apoyo familiar, se pueden apagar comiendo.);

  • Mujeres asustadas de su gran capacidad erótica y que temen quedar atrapadas por la adicción al sexo;

  • Personas acostumbradas en la infancia a ser llamativamente obedientes, incapaces de contradecir norma alguna, que gracias a ello se aseguraron el cariño de sus mayores, y que al llegar a la etapa adulta son incapaces de desprenderse de prohibiciones, tabúes, miedos y aprensiones que aprendieron a tener respecto de la vida sexual;

  • Miedo a la intimidad con otra persona. Este es un miedo que seguramente afecta más a hombres que a mujeres. Se trata del miedo de depender de alguien, a que ese alguien se convierta en fundamental para la vida, a que

conozca lo más intimo de uno mismo, a que esté tan cerca que lo haga vulnerable. Evitando las relaciones sexuales se pone un tope a la intimidad y en estos casos la obesidad resulta muy útil;

  • Personas que no desean tener relaciones íntimas, afectivas o sexuales con su pareja. Son personas que siguen viviendo con su pareja, pero más en su calidad de compañeros de vivienda que como dos personas unidas a nivel emocional. (es el caso de algunas mujeres que consideran que no pueden negarse al encuentro sexual con su esposo, pero que no les apetece en absoluto, de manera que procuran dar las menores facilidades posibles para el encuentro erótico, como estando poco atractivas.).

  • En algunos obesos de estructura neurótica, especialmente mujeres, muy susceptibles de ofensa fácil y con baja autoestima, se pueden observar rasgos de seducción, humor lábil, cambiante, con historia de dificultades sexuales de orden genital tales como frigidez, vaginismo, rechazo sexual, aunque ninguno es patognomónico de la obesidad nos refieren una disfunción psíquica. En estos pacientes la obesidad constituye un "refugio seguro" y la alternativa de mostrar una figura atractiva despierta en ellas una cesación de peligro referido al temor de perder el control de sus impulsos, temor proyectado a sus objetos y ante el cual la obesidad tranquiliza, al esconder las formas femeninas atractivas. De esta manera prevalece este beneficio por encima del desagrado que la obesidad les produce. El ocultamiento es más frecuente en la mujer. En el hombre la obesidad repercute menos , y es muy difícil que este pierda su actitud sexual o disminuya su sexualidad. Pero cuando el sobrepeso es tal que dificulta los movimientos y la respiración y es peligroso para la salud el hombre cambia de actitud y se torna pasivo.

PERDIDA DE UN SER QUERIDO

 

 
Suele observarse en algunos obesos que bajan de peso cuando se enamoran y lo recuperan cuando pierden al ser querido- representante invariablemente de la madre.
Estos fenómenos son sufridos pasivamente, es decir quienes lo padecen no buscan ni acentuar ni atenuar su peso corporal en relación con sus experiencias amorosas. Pero poco a poco, toma fuerza en su conciencia la constelación de angustia relacionada con temores y/o situaciones de abandono. Este es un ejemplo paradigmático que nos remite a la observación primordial de que, en mucho casos, la pérdida de objetos maternizados puede desencadenar el proceso psicobiológico que conduce a la obesidad. En estos casos el sujeto elige la comida como objeto , en vez de otros objetos, para su compromiso afectivo porque "ella", la comida, no abandona. Pero como el comer, en la proporción que la voracidad de objeto exige, produce obesidad, esto acarrea rechazo social, con el consiguiente deterioro de la autoestima y el natural dolor que eso produce, busca ser calmado con comida. Se inaugura así un ciclo que gira, dramáticamente, en torno de sí mismo.
Así el vacío psíquico, juega un papel crucial en la cuestión del no saciarse del obeso, entendida desde la orilla de su psicogénesis.

Estar obeso como forma de agredir al compañero.

 En algunas parejas, que se ven envueltas en una lucha en la que cada uno se esfuerza por reducir, empequeñecer, limitar, infravalorar al compañero en un intento por sentirse un poco más seguro, a lo que el otro contesta con iguales formas, la obesidad puede ser una forma más de desagradar al otro, sobre todo si el compañero es de esas personas que dan una especial importancia a la estética y aprecian mucho la apariencia ante los demás.

Otros problemas o conflictos psicológicos en obesos.

Si bien, muchos autores han encontrado alteraciones psicológicas específicas en individuos obesos, existen otras menos específicas y frecuentes, pero de importancia a la hora de planear un tratamiento, ya que de ser ignoradas podrían dificultar y obstaculizar el tratamiento para adelgazar y / o mantener el peso logrado.
Existen razones que llevan a una persona a ingerir más alimento de los que necesita, aún sabiendo sobradamente que este comportamiento acabará, antes o después, en unos kilos que perjudicarán su salud y su estética personal.
Muchas personas, en pleno régimen o tras haberlo terminado, experimentan ansiedad o depresión, a las que ponen fin volviendo a su antigua forma de alimentarse, con lo que vuelven a aumentar de peso.
Además es de consideración la participación que tienen las personas que conviven con el obeso para que se produzca y mantenga el exceso de peso.
Si bien, para el mejor entendimiento de las cuestiones psicológicas que influyen en que una persona esté obesa y/o que no pueda adelgazar eficazmente se abordan por separado, y se expongan como aspectos diferenciados, nada impide que en la realidad de muchas personas, estas causas se entremezclen.
Las causas psicológicas e interpersonales no son aspectos distantes y desconectados unos de otros, se funden y hasta confunden.
A continuación, algunos de estos factores psicológicos y familiares, que aunque con menos frecuencia, pueden estar presentes y socavar el tratamiento.

Valor simbólico de los alimentos

Muchos alimentos poseen además de sus cualidades alimenticias, un valor simbólico y emocional por estar, muchos de ellos, asociados en nuestro cerebro a recuerdos buenos o malos, a situaciones, personas, etapas de la vida, etc.
Existen asociaciones más o menos compartidas por la mayoría de la población, como asociar las tortas y postres a momentos de grata celebración de cumpleaños, a la experiencia de ser agasajados por sacar buenas notas, los helados a vacaciones de verano, a momentos de mayor libertad, etc. Pero hay asociaciones más individuales y de importantes consecuencias cuando de adelgazar se trata.
Este valor simbólico puede aparecer unido a diferentes circunstancias:

Por el hecho de que ese alimento se produjera de una manera única o especial para la persona (por ejemplo cuando la persona ha notado lo especial que era para su madre o padre, u otro familiar y se le cocinaba cierto alimento o se lo hacían de determinada manera)
Cuando el alimento va unido a la presencia de una persona importante desde el punto de vista de los afectos, o a un estado de ánimo determinado de una figura cercana e importante (pueden ser los padres o hermanos, pero también tíos y abuelos, o cualquier persona especialmente cercana);



 Cuando su consumo era recibido como premio (esta asociación puede ser de mayor importancia en aquellos momentos de la vida en que la persona tiene la sensación de no ser reconocida por el entorno);

 Cuando generalmente era reservado para la persona que tenía status familiar más alto y reconocido (en estas condiciones, un determinado alimento adquiere la impronta de una distinción social);

 Cuando haya sido consumido con ocasión del fin de un período de calamidad, desastre, miedo, angustia... (en estos casos, el alimento ha sido asociado al alivio que se produce al acabar la situación desagradable. Por tanto, se hace más necesario su consumo cuando conciente o inconscientemente se perciba como calamitosa, desastrosa, peligrosa o angustiosa una situación presente o que amenaza con presentarse)

 Por consumirse regularmente con ocasión del encuentro, de la reunión, gratificante entre otras personas, generalmente familiares, pero también amigos u otras ( especialmente si las personas a cuyo recuerdo va unido el alimento ya no están al alcance, por fallecimiento o por simple ruptura afectiva. Estos alimentos resultan una mayor tentación en momentos de soledad).

El simbolismo con el que están cargados algunos alimentos, o mejor sería decir, el simbolismo especial que algunos de ellos tienen, puesto que prácticamente todo lo que comemos evoca en nosotros una valoración más allá de los puramente alimenticio, se da de manera individual para cada persona, no pudiendo, pues extrapolar nunca el significado que tiene una comida para una persona a otra.
El no comer lo que apetece con intensidad, o el comer algo "por última vez" , suele ser con frecuencia preludio de atracones, por tanto, prescindir de los alimentos de gran valor afectivo-emocional, puede socavar los esfuerzos por cumplir un plan nutricional de adelgazamiento, ya que están satisfaciendo una necesidad psicológica más que nutricional. Es necesario recordar que la viabilidad del régimen debe estar por delante de su rapidez para conseguir una adhesión a más largo plazo. Reiterando, muchos alimentos están asociados en nuestra mente a recuerdos agradables o desagradables, a situaciones, personas, emociones... y muchas de estas asociaciones son necesarias para la estabilidad psicológica. Es imprescindible identificar si existen estas asociaciones en la persona obesa que se encuentra en tratamiento , para que no constituya un obstáculo del mismo.


Miedo a estar delgado

Existen personas que en forma conciente o inconsciente manifiestan miedo a estar delgados o a adelgazar.
Personas que tienen en sus recuerdos más infantiles, en aquellos que más marcan su personalidad, en los que no son capaces de rescatar pero que están en la base de sus miedos, una asociación entre perder peso, la delgadez y el sentir hambre, la enfermedad, el miedo y hasta la muerte.
Generalmente son personas de tercera edad que han sido partícipes de guerras, calamidades, catástrofes naturales o ruinas económicas.
Son personas que suelen tener cierta tendencia a acaparar alimentos, a tener una exagerada reserva de comida en su hogar, a consumir cuanto se les ponga en el plato, ya que dejar algo de comida en el plato o tirarla les significa gran remordimiento y malestar.
Hay personas lo suficientemente jóvenes como para no haber vivido los años de hambre y calamidades que sí pasaron sus padres, y en los que sí puede detectarse, aunque con menos fuerza, este miedo a la desnutrición. Se trata de personas poco diferenciadas de sus progenitores, incapaces de tener puntos de vista, esquema e intereses propios, y que por lo tanto viven como suyos los miedos más o menos comprensibles de sus padres. Y que tiene la creencia errónea de que deben perder el contacto afectivo y emocional con sus padres si quieren crecer y manejarse en la vida con sus propios esquemas mentales.
Otro miedo a la delgadez, ocurre en algunos hombres, generalmente en la segunda mitad de la vida, y más aún en ambientes social y culturalmente no muy desarrollados. En ellos se da una curiosa asociación que dificulta adelgazar cuando el médico así lo recomienda.
Para ellos, y de forma no muy conciente, se da la siguiente igualdad:
Estar más delgado = a estar menos fuerte = a ser menos viril = menos potencia eréctil.
El miedo a la impotencia se instala en estos hombres cuando por consejo médico se disponen a adelgazar.
El miedo a la pérdida de "potencia sexual", hace que prefieran correr riesgos para su salud antes que perder ese volumen y esa anchura que, sin darse cuenta, tanta seguridad les da.

En otro sentido se puede encontrar miedo a adelgazar:
En personas, sobre todo mujeres, llegan a convertirse en auténticas profesionales de los intentos de adelgazamiento. Mujeres cuya actividad principal es "ir de médico en médico", iniciar un nuevo régimen, pesarse en la farmacia y exponer lo que han subido o lo que han bajado de peso con la farmacéutica, comentar con una vecina, amiga o familiar el último régimen que les han recomendado, etc. mujeres carentes de auténticas relaciones humanas satisfactorias, de proyectos estimulantes a nivel laboral, académico, deportivo, etc. mujeres solas, de ánimo depresivo, que hace ya tiempo que no son imprescindibles para los hijos, pues ya son mayores, o para los padres, que ya fallecieron. Mujeres que se convierten en el objeto de sus propios cuidados y que, a falta de otros achaques, se centran en su exceso de peso para poder satisfacer su necesidad de seguir siendo útiles, cuidadoras, y para poder tener un tema del que charlar con este o aquel.
La necesidad de adelgazar, el exceso de peso, el resultado mayor o menor del régimen, se convierten así en el centro de sus vidas y en la única disculpa para tener un motivo de conversación. Por ello, a estas personas les resulta peligroso alcanzar el peso apropiado y mantenerse en él. El vacío, la depresión y la sinrazón de la vida se hacen un poco más evidentes e insoportables cuando ya no es novedad lo de haber alcanzado el peso apropiado, y encuentran como solución volver a empezar.
Naturalmente que todo este proceso no es buscado conscientemente por la persona que lo padece, simplemente, es dirigida por emociones que en parte desconoce e intenta satisfacer de la manera que puede, sus necesidades vitales.


La obesidad como forma de evitar situaciones deseables


Las personas, igual que el resto de los seres vivos, tenemos una fuerte tendencia a perseguir, y si nos resulta posible, conseguir aquellas cosas o situaciones que por alguna razón nos resultan gratificantes. Pero es frecuente que ocurra que determinada situación que deseamos vaya unida a otra que tememos, o simplemente que nuestra conciencia nos reproche la consecución o hasta el deseo de esa situación deseada.
La obesidad, muchas veces sirve como excusa ó justificativo, para no lograr aquello que se desea.
Miedo a la vida social, a mantener relaciones sexuales, a entrar en una nueva etapa de desarrollo, a la intimidad psicológica y afectiva de la vida en pareja, a perder la preferencia de la madre o el padre conseguida gracias a limitarse la vida y estar pendientes de ellos, a la infidelidad.
Todas estas cosas tienen algo de deseable, pero también provocan miedo por alguna razón. Su obesidad no es la causa de sus limitaciones, sino una excusa para continuar con las mismas. Esos kilos sobrantes son una excusa (disculpa) para no hacer aquello que, supuestamente, se haría de no tenerlos.

Desequilibrio entre satisfacciones e insatisfacciones La estabilidad psíquica requiere mantener un cierto equilibrio entre satisfacciones e insatisfacciones. Cuando de manera más o menos permanente, la balanza se inclina del lado de las insatisfacciones, las personas necesitan reponer el equilibrio perdido para mantener la salud psicológica.
Algunas personas con conciencia o sin ella, de manera regular, exageran el placer de comer como forma de compensar insatisfacciones permanentes en algún área de su vida: trabajo, vida sexual, vida afectiva a nivel de familia de origen, relación de pareja, relaciones de amistad, diversiones, entretenimientos y otras fuentes de bienestar.
Este mecanismo de compensación puede ser un obstáculo a la hora de realizar un plan alimentario y disminuir de peso, ya que estas personas sustituyen placeres que compensen la insatisfacción sufrida por el placer que genera el comer.
(en este caso se exagera el placer del comer, con tal de suplir las carencias que generan insatisfacción en otras áreas.)

 
La obesidad como forma de castigo

En nuestra cultura judeocristiana, el concepto de culpa y el de castigo van unidos. El castigo nos permite "pagar" aquello que hemos hecho mal, ya sea de pensamiento, de palabra o de obra. Este pago nos deja libres del sentimiento de culpa , de remordimientos e intranquilidad interna, y al estar en paz con uno mismo nos deja en disposición mental de concentrarnos en otros asuntos distintos al que generó la culpa.
Además, salda nuestras deudas con la sociedad, con lo que la relación con nuestros semejantes queda libre de interferencias. Este esquema es el que impera en nuestra sociedad.
El castigo puede ser impuesto por alguien externo, pero también puede ser la propia persona la que se imponga el castigo por una determinada falta que haya cometido, y es este el ejemplo de la persona obesa.
La obesidad, o la incapacidad para adelgazar eficazmente y mantener el peso correcto, al ser para la sociedad actual y para muchas personas algo negativo, desagradable, una especie de "cruz que llevan encima", se constituye en una buena penitencia para quienes se autocastigan.
Al estar obeso, las miradas burlonas de los allegados, o simplemente de algunos viandantes, la ausencia de miradas de deseo por parte del sexo opuesto, la incomodidad de la ropa que aprieta, el cansancio y la torpeza de movimientos que genera, y sobre todo el mirarse en el espejo y no gustarse, es un castigo apropiado para la mente de algunas personas que se sienten culpables o "pecadoras".
Lo que causa el sentimiento de culpa es inherente a cada persona, de acuerdo al código de valores y a la versión subjetiva que cada una tiene. Lo que para algunos puede no tener importancia, para otro puede ser una gravísima falta. Es decir, que los motivos por los que alguien puede sentirse culpable son profundamente subjetivos, por un excesivo escrúpulo de conciencia. (esto ocurre a veces tras años de ser censurados y castigados en la infancia y aprender a autoimponerse autocastigos)
Algunas situaciones que pueden generar culpa:
Deseos, tentaciones o simples fantasías de infidelidad; sensación de no dar en el ámbito afectivo todo lo que debería darse a los seres queridos, padres, hijos amigos; el haber perjudicado a una persona cercana ya sea real o imaginariamente; personas que al realizar determinada conducta, aunque solo le repercuta a él mismo, siente que es impropia en su escala de valores; y como estos son muchos lo ejemplos. Lo fundamental es entender que, cuando transgrede el código de conducta propio o social, la persona se siente culpable, y es frecuente que busque una penitencia para que los sentimientos de culpa dejen de hacerle daño, siendo la obesidad el castigo que muchas personas se imponen. Este uso de la obesidad como forma de auto castigo afecta más al sexo femenino, y es, en la inmensa mayoría de los casos, inconsciente. Debe considerarse que la insatisfacción debida a las circunstancias externas puede ocasionar un aumento del placer de comer, a modo de compensación, pero que, en este caso, la insatisfacción es de la persona consigo misma, y lo que intenta no es reponer el equilibrio entre placer y displacer, sino imponerse una sanción por un comportamiento que percibe como incorrecto.


Comer como mecanismo evasivo

Para algunas personas, la comida es una vía de escape para no pensar en los problemas que tienen. La utilizan como una estrategia de evasión, dejando los problemas "en espera" en lugar de enfrentarse a ellos y resolverlos. De esta manera no experimentan la incomodidad o perturbación que produce afrontar la situación. Algunos comen para escapar de las grandes decisiones que hay que tomar en la vida, como las que se relacionan con la profesión o con el matrimonio, otros lo hacen para no tener que afrontar (y potencialmente rectificar) las malas elecciones que ya han hecho (un matrimonio que ha fracasado, un trabajo sin futuro). Y, en algunas ocasiones, el problema lo constituye una vieja herida o un trauma al que no pueden hacer frente. De modo que "comer" para estas personas, les quita de en medio una situación incómoda y permite que se sientan temporalmente mejor. Lo malo de esta "temporalidad", es que no resuelve ni hace desaparecer el problema, y seguirán comiendo para evitarlos. Utilizar la comida como una estrategia de evasión es una conducta aprendida: Por influencia de los padres: a) al consolar con comida a sus hijos cuando están disgustados, cuando se enfrentan a contratiempos o problemas... al ser repetitiva esta manera de actuar, se aprende al hábito de dirigirse a la comida cada vez que uno se ve ante un problema o a sentimientos que le trastornen; b) a través de sus propias conductas: cuando son los padres quienes evitan los conflictos comiendo. Además de la influencia que tiene el entorno familiar, también la educación y los medios de comunicación (cine, televisión, publicidades) pueden influir transmitiendo este mensaje. En general, estas personas tienen dificultades para identificar sus sentimientos, para autoafirmarse, para anteponer las necesidades de los demás a las propias, ignoran los problemas con la esperanza de que desaparezcan. La mayoría son mujeres.


Necesidad de identificarse con un obeso
.

Desde el nacimiento, el ser humano necesita adquirir una inmensidad de información, multitud de costumbres y hábitos útiles para la supervivencia y para la vida en sociedad. La manera de relacionarse con el resto de las personas, las particularidades del rol femenino y las del masculino, de qué manera y medida ha de expresarse el enojo, qué es conveniente y qué no para la salud, la manera de andar o de sentarse, la estética aceptable, la forma de cocinar, los alimentos más deseables, qué se considera permisible y de qué hay que sentirse culpable, son algunas de las miles de cosas que se debe aprender desde la niñez, ya que no van inscriptas en el código genético. Este aprendizaje se lleva a cabo a través de la identificación con un modelo dentro del entorno más inmediato. Madre, padre, abuelo/a, hermano/a mayor o alguna persona cercana, cualquiera puede ser elegida como modelo de identificación. La razón por la cual ocurre este proceso hacia una determinada persona y no a otra no está clara, pero es inconsciente y muy temprana.
Es lógico pensar que esta identificación ocurra hacia un adulto con quien trate habitualmente más que a otro con el que mantiene menor contacto; hacia alguien de su mismo sexo más que a otra del sexo contrario; o hacia alguien que satisface adecuadamente sus necesidades más que hacia quien no lo hace. Además, seguramente el grupo al que pertenece le propone como modelo a tal o cual persona y no a otra, según el papel que se le pretenda dar. Es difícil predecir a quién, y por qué finalmente una persona elegirá a una determinada persona como modelo a seguir.
En este caso el problema surge cuando, la identificación se da en una persona que es obesa, sedentaria, que calma su ansiedad comiendo, o tiene fácil tendencia a sentirse culpable y por ello a autocastigarse, etc.
Cuando, las personas no consiguen llegar a un nivel de maduración, de individualización, en el que son capaces de seguir en contacto afectivo con las personas que les han sido vitales en la vida y a la vez modificar su estilo de vida para hacerlo más adecuados a sus necesidades y a su tiempo, quedan atrapadas copiando un modelo con el que se habían identificado. Es decir, que si se identificó con un obeso, o con sus actitudes ante la vida y ante la comida que favorecen la obesidad, será muy fácil terminar padeciendo también esta afección.
Esto puede ocurrir:
 como consecuencia de una grave pérdida por fallecimiento de una persona importante (como cuando una niña o adolescente pierde a su madre). En estos casos para soportar mejor la pérdida, no es infrecuente que la persona reproduzca actitudes, costumbres y formas de estar y ser típicas de la persona ausente. Esto confiere la sensación de cercanía y presencia. La necesidad de cercanía a esta persona es muy superior a su deseo de adelgazar, o a la presión desde la medicina para mejorar su salud.

 por una fuerte carencia de atención, seguridad, cuidados, cariño y cercanía de una persona fundamental para el niño o adolescente, para tener la sensación de ser un poco la madre deseada, y de que al adoptar su forma de ser y estar, es como si estuviera presente, brindándole lo que necesita. Esto hace más soportable su relativa ausencia y amortigua la rabia de que no brinde todo lo necesario a nivel afectivo.
 En personas que sufren malos tratos, psíquicos o físicos, y necesitan sentirse más cerca del agresor, ser más como él o ella, más de su grupo, para obtener así cierta sensación de seguridad.

 En aquellos que han recibido de la persona de la que se han identificado, cantidades importantes de cariño, guía consuelo, protección, y siguen ese modelo.

 En aquellas personas que no lograron, en lo más íntimo de su persona, percibirse a sí misma como un ser con existencia propia, independiente de su ser allegado por excelencia. Estas personas que no tienen una profunda conciencia de su identidad individual, difícilmente adelgazarán si ello les da la más mínima sensación de perder "la otra mitad de su persona.

Identificación negativa
.

Hay personas que necesitan estar obesas o descuidar su físico, "para no ser", para diferenciarse lo más posible o para llevar la contraria a alguna persona que ha sido sumamente importante en su vida, pero a la que no pueden admitir plenamente, ni mucho menos parecerse a ella, debido al daño que de la persona en cuestión han recibido.
Cuando la persona de cuyo modelo intenta apartarse es delgada, porque cuida mucho su alimentación y está muy pendiente de su físico, lo que hacen estas personas es lo inverso, no cuidar su físico, su alimentación y ser obesas.
En realidad, en estos casos lo que se observa es una gran necesidad y un tremendo anhelo de esa persona, hacia la que, no obstante, se han acumulado grandes cantidades de rabia y de reproches.
En resumen, cuando una persona se identifica con otra de vital importancia en su vida por una fuerte vinculación afectiva, y esta última es obesa o tiene hábitos y actitudes que conducen al descuido y a la obesidad, la necesidad profunda de parecerse o diferenciarse, hace que repitan o se alejen de estas formas de vida, lo que termina conduciéndolos a una acumulación de peso.


La obesidad como forma de destrucción de la figura femenina


Es uno de los conflictos menos frecuentes entre obesos. Aparece generalmente en mujeres con obesidad extrema (mórbida). Son personas que no están satisfechas con su esencia femenina, no tienen una adecuada identidad sexual (a nivel muy inconsciente) y se resisten a adoptar el papel de mujer que las sociedad les otorga (ser menos activas que los hombres, darle prioridad al desarrollo de la maternidad en lugar de al laboral, etc). Son poco femeninas y mantienen una gran rivalidad con el sexo masculino.
La obesidad, es decir, esa acumulación excesiva de tejido adiposo, es utilizada para disimular su esencia femenina, ya que no solo se pierde la figura (desaparecen caderas, pechos, cintura) sino también algunas de las funciones típicas del organismo de la mujer (ciclo menstrual).
Se relaciona, aunque en forma contraria a la anorexia nerviosa, donde existe un fuerte deseo de no pasar de ser una niña a mujer (no ser adulta).

TRATAMIENTO OBESIDAD

1. ¿Cómo puede ayudarme un Psicólogo en mi problema de Obesidad

Un Psicólogo es un profesional de la conducta humana; enseña una serie de habilidades, técnicas y de estrategias psicológicas para conseguir que las personas afronten los problemas de forma adecuada hasta superarlos.
El psicólogo es como un entrenador; pero eso sí, el entrenador no corre por el atleta, el psicólogo no se enfrenta al problema del paciente, nos enseñan CÓMO manejar las situaciones-problema, y es el paciente el que debe afrontarlo.

2. Evaluación multidisciplinar de la Obesidad

La obesidad es un problema en el que intervienen múltiples variables, genéticas, biológicas, psicológicas, de comportamiento y sociales como bien hemos señalado anteriormente ; por ello, es necesario realizar una evaluación individualizada por especialistas de distintas áreas, que nos indique cuáles son los problemas más relevantes en cada paciente, y en función de ello determinar la intervención más idónea.
 
3. ¿Porqué una valoración Psicológica en un tratamiento de Obesidad?

Como  hemos comentado anteriormente, dado que la obesidad se origina por múltiples causas, es necesario una evaluación médica, y nutricional.
También lo es una evaluación psicológica, cuyos objetivos principales son por un lado, ayudar a determinar que opción de tratamiento es la más adecuada desde el punto de vista psicológico del paciente, analizar las causas que hacen que las personas vuelvan a coger peso de nuevo.
 
4. ¿Mi motivación y mis objetivos con respecto al tratamiento son realistas?

Algunos pacientes quieren adelgazar basándose en motivaciones erróneas, como pueden ser salvar el fracaso de un matrimonio, intentar perder una cantidad de peso irreal, ser pasivos ante el tratamiento...,otros se consideran incapaces de conseguir una adecuada pérdida de peso.
Este tipo de actitudes y expectativas es necesario hablarlas y trabajarlas,  ya que son un aspecto de vital importancia en mi tratamiento, pues la presencia de objetivos poco realistas de alcanzar, han llevado al fracaso y a la frustración.


 
5. Psicoterapia individual


La "psicoterapia" es, una relación entre el psicólogo y el paciente dentro de la cual hay una comunicación que puede aliviar la angustia y plantear las condiciones para el nuevo aprendizaje y el crecimiento personal.
Su principal objetivo es FACILITAR el cambio psicológico, a través de la aplicación de técnicas psicológicas. La relación psicólogo-paciente es de colaboración y el enfoque es didáctico. Paciente y psicólogo se comprometen a trabajar con un objetivo común.

6. ¿Qué voy a aprender durante el tratamiento Psicológico?

Evidentemente, el objetivo de cualquier intervención para el tratamiento de la obesidad debe ir más allá de la reducción de peso, y es imprescindible la introducción de distintas técnicas, con el objetivo de la modificación de hábitos de alimentación y psicológicos.
El tratamiento de los factores psicológicos asociados a la obesidad (ansiedad, autoestima deteriorada, falta de recursos para hacer frente a los problemas cotidianos de autocontrol, los pensamientos distorsionados relacionados con la comida y el peso, etc.), permiten una mayor adhesión al tratamiento y un cambio de actitud ante su problema.

7.¿Puede la hipnosis ayudarme a adelgazar ?

Como bien explicamos en otras secciones de nuestra pagina , a través de la hipnosis se pueden tratar diferentes trastornos , en este caso el trastorno alimentario como es la obesidad , esta técnica le ayuda al paciente a seguir la dieta sin pasar por la ansiedad que todo cambio ocasiona en las personas y también le ayuda a que su mente elabore una imagen de la figura que espera conseguir , así como motivarlo para hacer ejercicio físico que también es necesario para conseguir el objetivo que persigue.
 
8. ¿Qué hago cuándo finaliza el tratamiento?

El objetivo final del tratamiento, es el mantenimiento a largo plazo de los logros conseguidos. Es importante aclarar la diferencia entre, caída, recaída y pérdida total de lo conseguido.

Caída: son transgresiones concretas inevitables (ej: tomar más calorías de lo previsto en alguna ocasión..), se ha de procurar tener las menos posibles, pero lo más importante es intentar evitar actitudes negativas ante ellas, pues dichas actitudes sólo sirven para provocar una recaída.

Recaída: abandonar los hábitos alimenticios y de ejercicio adquiridos, de manera que se aumente de peso. Si éste llega a ser igual o superior al del principio del tratamiento entonces hablamos de Pérdida total de lo conseguido.