Dejar de Fumar

 
Guía para dejar de fumar 

A comienzos del siglo XXI el tabaquismo continúa siendo la primera causa evitable de enfermedad y muerte prematura en España. Si fumas, seguro que ya sabes que el tabaco amenaza seriamente tu salud y tu vida, bien por experiencia propia o porque las advertencias impresas en cada cajetilla de tabaco que compras se encargan de recordártelo.
El consumo de tabaco es muy perjudicial para tu salud.
El tabaquismo en nuestro país es, en la actualidad, la primera causa aislada de enfermedad evitable, invalidez y muerte prematura. Cada año, más de 50.000 personas mueren prematuramente en España debido al consumo de tabaco. Tantas como si cada día se estrellara un avión con más de cien pasajeros a bordo, sin que quedase superviviente alguno.


¿Qué te aportará este sitio web que no te hayan dicho ya?
Si ya has intentado dejar de fumar sin conseguirlo, en esta página encontrarás una ayuda clave.

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A diferencia de algunas publicaciones que se ofrecen actualmente en el mercado, en esta página no encontrarás la opinión -más o menos autorizada- de alguien que, cargado de buena intención, intenta explicarte cuál es -bajo su punto de vista, o de acuerdo a su experiencia personal- la mejor forma de liberarse del cigarrillo. Tampoco encontrarás opiniones, ni relatos más o menos amenos, escritos por expertos o por aficionados que juegan a ser expertos. Olvídate de las opiniones. Para dejar de fumar, las opiniones no valen. Sólo la experiencia contrastada y derivada de lo que ha funcionado para más de 80 millones de personas que en todo el mundo ya han dejado de fumar, puede ayudarte a conseguir tu propósito.

Esta página presenta las mejores opciones (avaladas por la Organización Mundial de la Salud) a tu alcance para librarse del tabaco para siempre. Los pasos que se proponen están basados en los resultados obtenidos por la investigación científica desarrollada a lo largo de los últimos 50 años. Por ello, a continuación encontrarás las claves que contribuirán a facilitar tu decisión y ayudarte a dejar de fumar definitivamente. No hay remedios mágicos escondidos en este sitio web, pero siguiendo los pasos propuestos, avanzarás hacia el objetivo final: dejar de fumar definitivamente.

Esta página te ayudará a:

  •     Clarificar qué ganarás personalmente al dejar de fumar.
  •     Identificar por qué razones sigues fumando todavía.
  •     Conocer las características de tu dependencia del tabaco.
  •     Anticipar dificultades.
  •     Prepararte para conseguir tu objetivo.
  •     Definir un plan, a tu medida, para dejar de fumar.
  •     Y sobre todo, ayudarte a valorar y disfrutar de tus logros.

Dejar de fumar es posible y tú puedes conseguirlo


Estás a punto de iniciar un proceso que te llevará a ganar en salud y calidad de vida, para tí y para quienes te rodean. También, y no menos importante, vas a comenzar a librarte de un sentimiento de dependencia que hace tiempo que te atenaza.

 En primer lugar: no te precipites


Es probable que, como la mayoría de las personas que fuman, encendieras tus primeros cigarrillos sin tener un motivo muy claro para hacerlo. Tampoco conocías exactamente las consecuencias de tal decisión. ¿Te acuerdas de aquellos primeros cigarrillos?.


Tú no eres una excepción. Gran parte de las personas que fuman empezaron por mimetismo o porque amigos suyos lo hacían. Empezaste sin saber muy bien por qué y sin disponer de todos los elementos necesarios para tomar una decisión informada y elegir conscientemente lo más conveniente. Lo cierto es que, casi sin darte cuenta, te encontraste fumando regularmente. Desde entonces ha pasado mucho tiempo y has repetido miles de veces el acto de encender un cigarrillo y has dado millones de caladas.


No pretendas librarte de un plumazo de lo que lleva tanto tiempo integrado como parte de tu forma de funcionar normalmente
Fumar ha pasado a formar parte de tu propia forma de vida y de relación con tu entorno. Además desde que empezaste a fumar regularmente tu organismo necesita el tabaco para funcionar.
Por ello, si quieres dejar de fumar, no te precipites. Dejar de fumar requiere un proceso para desandar el camino que tu consumo reiterado de tabaco te ha hecho recorrer. Si quieres recuperar la libertad que perdiste -sin saberlo- al inicio de este camino, debes desandar lo recorrido. Y ello requiere ir dando pasos en firme para conseguir tu objetivo.


Los primeros pasos de este camino consisten en:

 

  • Saber qué te proporciona el tabaco.
  • Tener muy claro qué vas a ganar, personalmente, si lo dejas.
  • Conocer en qué consiste tu dependencia del tabaco.
  • Conocer cómo puedes superarla.
  • Planificar cómo te librarás de esta dependencia.
  • Reconocer qué satisfacciones te proporcionará dejar de fumar y poder disfrutarlas.



Buenas razones para dejar de fumar

 


Dejar de fumar es una de las decisiones más importantes que puedes adoptar para mejorar tu salud y ganar calidad de vida. También para respetar el derecho a la salud de quienes te rodean.
Son muchas y muy buenas las razones para dejar de fumar... pero las mejores son las tuyas.
Ya sabes que el tabaco es dañino para tu salud y probablemente también estés experimentando las consecuencias inmediatas que tiene para tu organismo, como son: tos matinal, cansancio al subir una escalera, sensación de ahogo al hacer cualquier esfuerzo físico.

Tal vez también tu médico te haya dicho que tienes que dejar de fumar y hasta puede que te hayan diagnosticado alguna enfermedad debida al tabaquismo. Pero todo ello no es suficiente si no tienes claro que es más lo que vas a ganar que lo que vas a perder si dejas de fumar.


La información es poder y para poder dejar de fumar necesitas saber dos cosas sobre tu relación personal con el cigarrillo que te ayudarán enormemente a avanzar en el proceso para dejar de fumar:


¿Qué te proporciona el tabaco para continuar fumando a pesar de querer dejarlo?


¿Por qué razones quieres dejar de fumar, es decir, qué crees que ganarás si lo consigues?


Razones por las que continúas fumando


Como estimulante. Sientes que el tabaco te ayuda a despejarte, a mantener un nivel elevado de atención, te estimula, incrementa tu energía y, en general, te ayuda a seguir adelante.


Como refuerzo gestual. En ocasiones, tener algo entre los dedos te resulta gratificante, te ayuda a sobrellevar con mayor aplomo algunas situaciones, sientes que te da mayor presencia, o simplemente te resulta entretenido.


Por placer-relajación. No siempre es fácil distinguir si fumas para sentirte bien, es decir, para obtener placer, o bien para evitar sentirte mal. Si lo que buscas es placer, encontrarás placeres alternativos mayores y mejores.


Para reducir estados negativos.
Con frecuencia, crees que el cigarrillo te ayuda a superar los momentos difíciles, el estrés, los problemas diarios.


Por adicción. Ya lo sabes, tienes una fuerte adicción. Pero lo que tal vez no te hayas planteado nunca es que, precisamente por qué te resulta tan difícil prescindir del cigarrillo para funcionar normalmente, cuando lo consigas podrás darte cuenta de que, en realidad, tú puedes más que el tabaco, valorarás enormemente tu logro y sentirás que no vale la pena volver a la situación de dependencia anterior.


Por automatismo. Ya no disfrutas de la mayoría de cigarrillos que fumas, tu relación con el tabaco es inconsciente, mecánica, automática. Tu principal objetivo ahora es romper las asociaciones inconscientes que has establecido entre el acto de fumar y tus hábitos cotidianos.


Valora las ventajas de dejar de fumar


Te interesará saber las ventajas más frecuentes señaladas por la mayoría de personas que ya han dejado de fumar.

Son éstas:


Por motivos de salud:

 

  • para respirar mejor.
  • Para cansarme menos y dejar de toser.
  • Para vivir más años y vivirlos mejor.
  • Para reducir mis posibilidades de sufrir un ataque al corazón, una embolia o algún tipo de cáncer.
  • Para respetar el derecho a la salud de las personas con las que convivo, especialmente: niños, ancianos o personas con problemas de salud.


En mujeres embarazadas:

 

  • Para aumentar la posibilidad de tener un bebé saludable.
  • Para disminuir complicaciones durante el embarazo y el parto.
  • Para evitar graves riesgos de salud a mi futuro/a hijo/a.

 

 

Para mejorar la calidad de vida:

 

 

  • Para recuperar el buen aliento y no ahuyentar a nadie de mi lado.
  • Para que mi ropa no apeste a tabaco.
  • Para disfrutar en mi casa de un ambiente más fresco y limpio.
  • Para que mis besos no sepan a cenicero añejo.
  • Para no quemar más camisas, pantalones y jerséis.
  • Para recuperar una dentadura blanca y limpia.
  • Para gastarme el dinero en cosas más gratificantes: música, perfumes, libros, cine, teatro, juegos, viajes, vacaciones, etc.
  • Para no tener que pintar la casa cada año.
  • Para ahorrar en tintorería.

Por autoestima y preocupación por los tuyos:

 

  • >Para librarme de esta horrible esclavitud.
  • Porque yo valgo demasiado como para dejarme machacar por el tabaco.
  • Para evitar el envejecimiento prematuro de mi piel.
  • Para que mi rostro recupere el aspecto de la edad que realmente tengo.
  • Para dar una alegría a mi pareja (y porque así dejará de agobiarme con el tema...).
  • Para ser un buen ejemplo para mis hijos, ?espero que nunca tengan que pasar por esto!.

Aparte de escuchar a quienes ya han dejado de fumar, también debes saber lo que revelan los miles de estudios epidemiológicos realizados a lo largo de los últimos 50 años. Sus resultados están ya fuera de toda duda: a medida que pasa el tiempo, aumentarán los beneficios de dejar de fumar para tu salud.


La investigación disponible indica que todas las personas pueden dejar de fumar, y que en algunas circunstancias vitales es un cambio que no puede esperar más, una condición indispensable para seguir adelante. Si te encuentas en alguna de las siguientes situaciones, no lo pospongas.

Tienes mucho que ganar.

 

¿Cuándo es absolutamente esencial dejar de fumar?

 

  • Si has ingresado en el hospital

Al dejar de fumar, reducirás los problemas de salud que te han llevado al hospital y, no lo dudes, incrementará la eficacia del tratamiento que estás recibiendo.

  • Si acabas de sufrir un infarto
  • Al dejar de fumar, reduces el riesgo de sufrir un segundo ataque al corazón.

Si tienes cáncer de pulmón o algún otro tipo de cáncer derivado del tabaquismo
Al dejar de fumar, incrementas la posibilidad de recuperación.

  • Si sufres diabetes

Fumar no sólo incrementa el riesgo de sufir diabetes sino que, para las personas ya diagnosticadas de esta enfermedad, fumar duplica el riesgo de sufir un infarto, cuadriplica el riesgo de otras lesiones cardiacas, incrementa la aparición de úlceras o gangrena en las piernas, aumenta los problemas de impotencia en los hombres e incrementa el riesgo de hipertensión.

 

  • Si estás embarazada o acabas de tener un bebé

Al dejar de fumar, proteges tu salud y la de tu bebé.

  • Si eres padre o madre

Al dejar de fumar, proteges a tus hijos e hijas de las enfermedades causadas por el aire contaminado por humo de tabaco. Además, les proporciona un buen ejemplo, contribuyendo a disminuir la probabilidad de que empiecen a fumar o a consumir otras drogas.

De acuerdo, pero...


La mayoría de las personas que ya han dejado de fumar también tuvieron miedos y dudas. Como tú, también creyeron que no lo lograrían nunca y, sin embargo, lo han conseguido y están satisfechas de su logro.


Si sientes alguno de los siguientes miedos, continúa leyendo y sabrás por qué millones de personas que compartían las mismas dudas que ahora tienes tú pudieron superar su angustia. Los comentarios a cada una de estas dudas también están basados en el estudio de las experiencias de quienes ya dejaron de fumar.


A diferencia de otras personas, yo no tengo suficiente fuerza de voluntad


La realidad: No es verdad. Tú puedes lograrlo, igual que has conseguido otras cosas difíciles en tu vida. Haz un breve repaso de todo lo que has conseguido hasta ahora: ¿te parece poco?. Tienes grandes recursos para conseguir lo que te propones y los pones en marcha siempre que sabes exactamente por qué razón lo haces y qué ganarás cuando consigas tu meta. Si haces un recuento de tus logros, verás que la clave es que el beneficio esperado ha tenido siempre que ser relevante para tí. Ahora te planteas una vida libre de tabaco, piensa en lo que ello significa para tu vida y para la vida de los tuyos: ¿te parece suficiente?. Seguramente sí. Ahora, empieza a identificar qué dificultades tendrás que vencer y a clarificar cómo harás para superarlas.


Lo he intentado muchas veces y siempre he fracasado


La realidad: Cada vez que dejas el tabaco aprendes algo que te ayudará en tu próximo intento. Observa a los niños cuando empiezan a andar: antes de lograrlo, han tenido que caer muchas veces, pero recuérdalo: dejar de fumar es un proceso. Recaer no es un fracaso definitivo, sino una nueva etapa que te acerca un poco más al objetivo. El número de horas, días, semanas o meses que has estado sin fumar han sido beneficiosos, pero sobre todo te indican que puedes conseguirlo, sólo te falta identificar por qué volviste a fumar.


Me gustaría dejarlo, pero nunca encuentro el momento adecuado


La realidad: Es una excusa y tú lo sabes. Es cierto que no es una buena idea dejar de fumar cuando estás pasando por algún período de alto estrés. Pero tienes períodos mejores. Planifica y asocia tu próximo intento a alguna circunstancia positiva: tu próximo cumpleaños, durante el próximo puente, al comienzo de las vacaciones, etc. Seguidamente lee los consejos de esta página. Prepara tu plan, fija tu fecha definitiva, sigue los pasos y los ejercicios sugeridos y celebra cada nuevo logro.


Me horroriza pensar que voy a engordar



La realidad: Es posible dejar de fumar sin engordar. Sin embargo, es cierto que muchas personas ganan peso al dejar de fumar. Ello es debido a que:
Se puede producir un aumento del consumo de calorías cuando, para calmar la ansiedad, se sustituyen los cigarrillos por dulces, galletas, pastas y otros alimentos con un contenido elevado de calorías.
Mientras se fuma, el organismo consume calorías para eliminar los tóxicos que contiene el tabaco. Al dejar de fumar, el cuerpo reduce el gasto energético.
Las personas que dejan de fumar recuperan el gusto y el olfato, por ello notan que los alimentos saben y huelen mejor y tienen más ganas de comer, optando en muchas ocasiones por "picar" e incrementar el consumo de alimentos con alto contenido calórico: dulces, snacks salados, patatas fritas, pastas, pan, etc.
Ante esto, debes saber que es posible incorporar al plan de abandono del tabaco estrategias para evitar esta ganancia de peso. Si sigues el plan propuesto en esta web, encontrarás indiciaciones sobre cómo hacerlo.
Si aun así ganases algo de peso, piensa que más adelante podrás abordar ese tema. De momento, ten en cuenta que los kilos que se ganan son menos dañinos para la salud que tu consumo actual de tabaco.


Sé que fumar es nefasto, por ello, quiero reducir el consumo a 3 ó 4 cigarrillos al día, esto no puede ser tan malo


La realidad: Tu decisión sobre la necesidad de dejar de fumar no está todavía madura. Si realmente quieres dejar de fumar, debes saber que, en general, quienes disminuyen el consumo vuelven a fumar en poco tiempo la misma cantidad previa o incluso más. Además, cuesta lo mismo reducir el número de cigarrillos que se fuman cada día que dejar totalmente el consumo y, en cambio, no conseguirás dejar de fumar, que es lo que de verdad necesitas. En realidad, lo pasarás peor fumando 3 ó 4 que no fumando ninguno, porque no dejarás de pensar en el próximo cigarrillo. Además, aunque el riesgo de padecer enfermedades aumenta con el número de cigarrillos que fumas cada día, no existe una cantidad mínima por debajo de la cual este riesgo sea pequeño o desaparezca, y reducir el consumo no evita el riesgo.


Creo que empezaré por fumar menos


La realidad: Para algunas personas, disminuir de forma progresiva el número de cigarrillos en los días previos a dejarlo contribuye a minimizar los síntomas de abstinencia que se producen al dejar el tabaco. Pero a la mayoría le resulta más eficaz fijar una fecha para dejarlo por completo. Sea cual sea tu elección, no olvides que el objetivo es dejar de fumar por completo, no te conformes con una disminución, que con muchas probabilidades te conducirá, en poco tiempo, a volver a fumar lo mismo que antes.


Me pasaré a la pipa o a los puros, así fumaré menos


La realidad: Al fumar en pipa o fumar puros, normalmente se inhala menos humo. Sin embargo, las personas que optan por estas formas de consumo, en general, mantienen más tiempo el humo en la boca, con lo que aumenta la incidencia de cáncer de boca y patología oral y buco-dental. Además, la concentración de sustancias tóxicas suele ser mayor con el humo de pipa y de puros; en consecuencia, aumenta el riesgo para las personas que están alrededor. Por otro lado, las personas que previamente fumaban cigarrillos mantienen parcialmente la rutina de la inhalación del humo, manteniendo así el efecto nocivo sobre los pulmones.

Los hechos, no los mitos


Si alguna vez has tratado de dejar de fumar, ya sabes lo difícil que puede resultar. Tal vez te hayan dicho que el tabaquismo es un vicio y que dejarlo depende de la fuerza de voluntad de cada cual, o de seguir tal o cual método que se anuncia en el periódico. Si realmente quieres dejar de fumar, empieza por conocer los hechos sobre qué es realmente el tabaquismo, y desechar los muchos mitos que, a pesar de no tener ningún fundamento, continúan manteniéndose sobre este tema.


Fumar no es un vicio, ni les falta fuerza de voluntad a quienes no consiguen abandonar el consumo de tabaco al primer intento. Hay sólo dos razones poderosas que explican la alta dificultad que supone para muchas personas dejar de fumar:


1. El tabaco engancha porque contiene nicotina, una droga adictiva
Además de ser un producto peligroso para la salud, el tabaco es una droga que puede llegar a crear una importante dependencia y, a diferencia de lo que sucede con otras sustancias psicoactivas, la dependencia del tabaco -en mayor o menor intensidad- afecta al 95% de los consumidores de esta sustancia.


La alta capacidad adictiva de la nicotina hace que, después de un breve período de consumo esporádico, tu organismo se adapte rápidamente al nivel de nicotina que precisas para funcionar con normalidad.


La privación del nivel de nicotina al que se ha acostumbrado tu cuerpo es la causa de los síntomas desagradables que experimentas cada vez que intentas dejarlo.


2. El cigarrillo refuerza el poder adictivo de la nicotina al facilitar enormemente la repetición de la conducta de fumar miles de veces, hasta tal punto, que ahora te parece imposible vivir sin fumar
Ya sabes los millones de veces que has repetido el gesto de fumar y entiendes por qué se ha convertido en un acto automático, asociado firme e inconscientemente a muchas actividades de tu vida diaria.
Pensar en la posibilidad de vivir normalmente el día a día sin el cigarrillo te causa una sensación de vacío, de pérdida, que dudas poder superar. Es normal sentirse así, porque has desarrollado una importante dependencia psicológica del tabaco. Pero debes saber que sí es posible volver a vivir sin tabaco: tú puedes hacerlo. Has hecho cosas más difíciles en tu vida, y debes saber que, en cuanto consigas tus primeros logros, sentirás una gran satisfacción al comprobar que puedes más que el cigarrillo.


Clarifica qué es más importante para tí


Para saber si realmente quieres dejar de fumar te propongo un ejercicio muy sencillo: haz dos listas de motivos. En la lista de motivos por los que fumas apunta todas las compensaciones inmediatas que te proporciona el tabaco. En la lista de motivos para dejar de fumar apunta simplemente las razones por las que quieres dejar de fumar.


¿Qué razones valoras más?. Si la lista de motivos por los que quieres dejarlo es realmente más importante que la de motivos por los que fumas, ya puedes seguir avanzando en el plan para dejar de fumar.
Si los motivos para dejarlo son menos importantes que las razones por las que fumas, necesitarás un poco más de tiempo para ir encontrando tus propias razones para dejar de fumar. No te desanimes, vete pensando en ellas y dentro de un tiempo vuelve a retomar esta página. En ese momento, vuelve a empezar desde el principio.

Tu plan personalizado


Ahora ya conoces muy bien las características de tu consumo de tabaco y has valorado seriamente las ventajas que obtendrás al dejar de fumar. Hagamos un breve repaso:

  •     Conoces tu nivel de adicción a la nicotina. Aunque sea alto, no te asustes. Como toda adicción, se puede superar.
  •     Conoces las principales razones psicológicas por las que continúas fumando y por tanto sabes qué perderás si dejas de fumar, pero has decidido que lo que vas a ganar te compensa más que lo que vas a perder.
  •     Has identificado claramente las razones para dejar el consumo de tabaco. Sabes muy bien qué recompensas tendrás si dejas de fumar, las valoras y quieres empezar a disfrutarlas cuanto antes.


Las claves para empezar con buen pie

  •     Tu plan personalizado
  •     Descubre tus propias habilidades y prepárate para ejercitarlas
  •     Identifica apoyos y utilízalos
  •     Disfruta de tus logros


Las múltiples investigaciones en las que se basa esta página han demostrado que estos pasos te ayudarán a dejar de fumar y hacerlo para siempre. Tienes más probabilidades de conseguir con éxito tu objetivo si los consideras todos conjuntamente y los vas aplicando a medida que avanzas en el proceso de dejar de fumar.


Al empezar este plan personalizado debes saber que tu proceso de mejora ya ha empezado. Aunque el camino que ahora empieza no estará libre de dificultades, una preparación adecuada te ayudará a poderlas afrontar mejor, y a la vez te será muy útil para reconocer y disfrutar cada nuevo logro conseguido.


Prepárate


Tómate el tiempo necesario para llevar a cabo tu plan, y piensa en que lo que te propones es dejar de fumar de forma seria y permanente.

Una vez asumido ese compromiso, continúa:


  •     Dentro del plazo de un mes, fija un día para dejar de fumar
  •     Considera este día como inaplazable bajo cualquier circunstancia.
  •     Al fijar la fecha, procura que no sea una época de especial tensión, de excesivo trabajo, de grandes preocupaciones, de cambios, de exámenes, etc.
  •     Los días más favorables para dejar de fumar pueden ser: el inicio de un fin de semana, un día que coincida con un grato aniversario, con el cumpleaños de una persona querida, un día durante tus vacaciones, o cualquier día en el que puedas planificar un poco cómo organizar tu tiempo.
  •     Para empezar a desenmascarar el tabaco, empieza por despojarlo de las virtudes que no tiene: debes ser consciente de que quien resuelve los problemas de cada día, afronta el tedio o la rutina, supera las tensiones, planta cara a la frustración, vence el cansancio, disfruta del placer, eres tú, no el tabaco.


Descubre tus propias habilidades y prepárate para ejercitarlas


Ya has averiguado qué es lo que crees obtener del cigarrillo (estímulo, placer, reducción de estados negativos, etc.). Ahora debes empezar a desmitificar al tabaco.


El tabaco no es ni más ni menos que una droga, con efectos psicoactivos a los que tu organismo se ha adaptado para poder funcionar normalmente, lo cual no quiere decir que el tabaco te ayude a afrontar mejor tus problemas cotidianos, a relajarte mejor o a estar más alerta.

Todo lo contrario, una vez te libres del cigarrillo, verás cómo puedes afrontar mejor las situaciones cotidianas de tu vida.


Para ello, el primer paso es poner el tabaco en el sitio que le corresponde: el cigarrillo no es una ayuda para tí, sino un lastre.


Hasta que tu cuerpo recupere la posibilidad de vivir con normalidad sin nicotina y sin los automatismos a los que se ha acostumbrado, al principio puede resultarte difícil conseguir tu objetivo. Por ello, durante los primeros días vas a tener que estar muy alerta y cambiar algunas rutinas.


Pero pasada esta primera fase más complicada, debes saber que recuperarás el control de tu vida y de tu tiempo, de tus gestos, de tus triunfos y de tus frustraciones.

Recuperarás el control de una parte importante de tu persona que perdiste hace mucho tiempo. Cuando lo logres comprobarás que quien afronta el día a día no es el cigarrillo, sino tú.
Para recuperar el control, para romper las asociaciones automáticas e inconscientes, te ayudará saber que dispones de recursos personales muy valiosos que puedes empezar a utilizar para afrontar lo que hasta ahora te parecía imposible sin el tabaco.


Si utilizas el tabaco por haber desarrollado una fuerte adicción y tu conducta está fuertemente automatizada:


  •     Revisa el registro diario de cigarrillos, empieza a ser consciente de las situaciones con las que tienes asociado el consumo de tabaco.
  •     Una vez identificadas estas situaciones, piensa en qué actividad alternativa te ayudará a afrontarlas sin el cigarrillo.
  •     Pide a las personas próximas (familia, amigos y compañeros de trabajo) que, a partir del día que has señalado para dejar de fumar, no te ofrezcan cigarrillos, no fumen en tu presencia ni te permitan fumar.
  •     Valora la posibilidad de combinar tu plan personalizado con una ayuda farmacológica eficaz para tu propósito de dejar el tabaco. Invertir lo que ahora gastas en tabaco en ese tratamiento puede ayudarte a reforzar tu decisión.
  •     Coméntalo con tu médico.


Si hasta ahora estabas utilizando el tabaco como estimulante :


Puedes activar tu cuerpo y tu mente de otra forma. Por ejemplo:


Cuando quieras mejorar tu nivel de alerta, respira de forma rápida durante 30-40 segundos.
Cuando puedas hacer una breve pausa en tus ocupaciones diarias, aprovecha para activar tu cuerpo practicando algún ejercicio moderado (mueve tus hombros, da un breve paseo, coge la bicicleta...).
Si hasta ahora has utilizado el tabaco como refuerzo gestual, para ganar seguridad ante una situación estresante:


Busca algo para mantener entre tus manos: un bolígrafo, un llavero, las gafas, un libro o cualquier pequeño objeto a tu alcance que se pueda manipular (una pelota de goma para apretar).


Utiliza alguna técnica de relajación sencilla.



Descarga la ansiedad con algún sencillo ejercicio: recorre rápidamente el pasillo varias veces, abre la ventana. Si puedes, cambia de lugar o actividad, recuerda algún momento de tu vida en el que tu aplomo te salvó de algún percance.


Si hasta ahora has utilizado el tabaco como forma de obtener placer o reducir estados negativos:

  •     Busca placeres mayores y mejores.
  •     Busca sensaciones agradables al gusto, a la vista o al olfato. Por ejemplo, toma caramelos o chicles sin azúcar, permítete ese perfume que siempre te gustó, regálate unas flores, entra en un SPA a que te hagan un masaje, etc.
  •     Realiza una actividad que te apetezca: pasear al aire libre, escuchar música. Queda con un buen amigo al que hace tiempo que no ves, empieza aquel libro que tienes pendiente desde hace meses.
  •     Date un baño relajante, con aceites esenciales y buena música.
  •     Apúntate a aquel cursillo para el que nunca tuviste tiempo: pintura, bailes de salón, canto, aeromodelismo, encuadernación; lo que sea, mientras sea algo que te guste.


Actividades alternativas que practicaré en lugar de fumar:



  •     En casa al levantarme ... haré varias respiraciones profundas.
  •     En casa después de las comidas ... me lavaré los dientes inmediatamente.
  •     En casa en vez de ver la televisión ... saldré a dar un paseo, iré al cine, llamaré a un amigo.
  •     En casa si mi pareja fuma ... le pediré que no lo haga en mi presencia.
  •     En el trabajo al intentar concentrarme ... haré varias respiraciones profundas.
  •     En el trabajo durante las pausas o descansos ... saldré al aire libre, daré un paseo, leeré mi revista favorita.
  •     En el trabajo al coger el teléfono ... tendré un bolígrafo en la mano.
  •     En el trabajo en momentos de estrés ... respiraré, intentaré aligerar mi agenda durante algunos días.
  •     Durante el tiempo libre, a los amigos que fuman ... les pediré que no fumen en mi presencia.
  •     Durante el tiempo libre, en una fiesta ... saldré al aire libre y respiraré.
  •     Durante el tiempo libre, en vez de ir de copas ... iré al cine, al teatro, a un museo.
  •     Durante el tiempo libre, leyendo un libro/escuchando música .. tendré a mano un zumo o un cóctel de frutas.


Identifica apoyos y utilízalos


Además de esta página, debes preveer apoyos adicionales que te serán de gran ayuda. Tenlos previstos entre las personas que son cercanas a tí y valora la posibilidad de ayuda profesional adicional si tu dependencia es muy elevada.


Apoyos personales
Habla de tu decisión, preferentemente con alguien que haya superado con éxito la experiencia de dejar de fumar. Puede ser una persona de tu familia, de tu empresa, o puede tratarse de alguno de tus amigos. Pídele a esta persona de confianza que se comprometa a prestarte el apoyo que vas a necesitar en algunos momentos del proceso que ahora inicias.


Elige a alguien que pueda escucharte y prestarte su apoyo siempre que lo necesites, aunque sea por teléfono, por correo electrónico o por cualquier otra vía de comunicación.


Mejora tu entorno


Dentro del proceso que has iniciado, puedes empezar a disfrutar de mejoras personales y en tu entorno desde antes de la fecha en que te has propuesto dejar de fumar.


Por ejemplo, haz limpieza:


  •     Tira ceniceros, encendedores y cualquier objeto relacionado con el consumo de tabaco, tanto en casa como en el trabajo y también en tu automóvil.
  •     Hazte una limpieza dental.
  •     Si las paredes de tu casa están sucias por el humo, puedes plantearte volver a pintarlas: esta vez se mantendrán limpias mucho más tiempo.
  •     Si la tapicería de tu coche o los sofás de tu casa huelen a tabaco, hazlos limpiar y disfruta de su aspecto fresco y renovado.
  •     Pide a tus amigos que no fumen en tu casa. Seguro que lo entenderán.


En resumen, para afrontar las situaciones difíciles, de aquí al día en que dejarás de fumar, prepárate para:


  •     Entretenerte con otra cosa cuando sientas ganas de fumar.
  •     Cambiar tus rutinas.
  •     Desarrollar alguna actividad para reducir la tensión emocional.
  •     Planear hacer cada día algo que disfrutes, que te proporcione placer.
  •     Buscar personas que puedan apoyarte.
  •     Si es preciso, buscar apoyo profesional.


Mejorar tu entorno y empezar a disfrutar de las mejoras.

El primer paso de un gran cambio


Hoy vas a empezar a vivir libre de una atadura que te ha atenazado durante años. Valorarás lo mucho que eso significa para tí. Sin embargo, no todo serán satisfacciones. Hoy puede ser un día difícil y por ello tienes que estar alerta.


Al levantarte


Levántate 15 minutos antes de la hora habitual. Empieza el día usando tus pulmones. Haz un poco de ejercicio y algunas respiraciones profundas en el lugar donde dispongas de aire más puro. Nota cómo el aire, y no el humo, entra en tus pulmones. Después dúchate normalmente. La ducha te ayudará a relajarte.


Evita pensar que no volverás a fumar nunca más. Simplemente decide que hoy no fumarás y respeta esta decisión cada vez que tengas ganas de encender un cigarrillo. Preocúpate sólo de hoy.


Desayuna en un lugar diferente al habitual. Toma un té o un zumo en lugar de un café. Si has optado por tomar algún medicamento, no olvides tomarlo, siguiendo estrictamente las recomendaciones de uso.

Durante el día


Bebe grandes cantidades de agua y todo tipo de zumos de frutas, preferentemente naturales. Elimina por ahora las bebidas que acostumbras a acompañar con el tabaco (café, copas, etc.).
Toma alimentos ricos en vitamina B (pan integral, arroz integral, etc.). Puedes reforzar la ingesta de esta vitamina tomando, además, germen de trigo, levadura de cerveza o vitamina B en pastillas.


Después de comer o cenar, rompe tu rutina. En lugar de dejarte caer en tu butaca preferida para ver la televisión o leer, haz otra cosa. Por ejemplo, lávate los dientes inmediatamente, sal a dar un breve paseo, quita la mesa, lava los platos, sal a la terraza, etc. Haz algo distinto.


Llena los pequeños ratos de ocio con alguna afición que, quizá desde hace mucho tiempo habías descuidado. Esto te relajará y te proporcionará satisfacción.


Relájate.


Si estás en el trabajo, o en una situación en la que no puedes dedicar mucho tiempo a relajarte, y se presentan las ansias imperiosas de fumar, puedes afrontarlas con una sencilla tabla de ejercicios. Estos ejercicios te relajarán, y verás que, tras el breve paréntesis, la urgencia de fumar ha desaparecido.


Las ansias de fumar no se acumulan. Cuando vuelva a presentarse el deseo imperioso de fumar, repite tu técnica de relajación.


Relajarte de la forma más sencilla


Siéntate cómodamente, procura que tu espalda esté recta y relajada.
Mira tu reloj.
Inspira profunda y lentamente.
Retén el aire el máximo tiempo posible, siente el aire en tus pulmones y vete sacándolo muy lentamente.
Repite el ejercicio varias veces, mientras miras el reloj y esperas que pase un minuto.
10 pasos para relajarte con facilidad
Siéntate cómodamente, procura que tu espalda esté recta y relajada.
Respira con normalidad.
Retén el aire contando hasta 10, sin haber realizado anteriormente una inhalación profunda.
Espira lentamente.
Inspira profunda y lentamente.
Retén el aire contando hasta 10.
Espira lentamente.
Relaja los músculos del cuello.
Distiende los hombros.
Realiza 5 veces los pasos de 5 al 7.


Cómo superar el primer día y afrontar los siguientes



Al igual que el primer día, durante los cuatro o cinco siguientes, a menudo sentirás un deseo muy fuerte de fumar, lo que te producirá ansiedad y tensión. En los momentos en que este deseo sea más imperioroso, haz todo lo que a continuación te propongo y, sobre todo, no fumes.


La imperiosa sensación de que necesitas un cigarrillo no dura eternamente, sólo dura unos instantes, y no se acumula a lo largo del día. Si eres capaz de resistir los instantes iniciales cada vez que se presentan las ansias imperiosas de fumar, al final del día verás con satisfacción que has podido tú más que el tabaco.


En los momentos más tensos:



Relájate, utilizando alguna de las dos sencillas técnicas expuestas anteriormente. Aprende a llenar de aire y no de humo tus pulmones.
Mira el reloj y, mientras te relajas, espera a que pase un minuto. Pasado este tiempo la ansiedad de fumar habrá desaparecido. Las ansias de fumar no se acumulan; superado cada momento crítico, sólo tienes que estar preparado para cuando ese deseo aparezca de nuevo.
Distrae tu ansiedad, puedes beber un vaso de agua o un zumo de fruta.
Puedes picar algo para tener en la boca o masticar. Procura que sea bajo en calorías (un chicle sin azúcar, una manzana, fresas, gajos de naranja, una rodaja de limón, etc.).
No te dejes arrastrar por pensamientos negativos, reconoce que es la adicción la que intenta convencerte y recuerda que tú puedes más que un cigarrillo.
Recuerda que estos malos momentos serán cada vez menos intensos y que, cada día que consigas pasar sin fumar, se presentarán de forma más espaciada. Por fuerte que sea tu dependencia, las ganas de fumar no son eternas; al contrario, desaparecen al cabo de poco tiempo.


Debes saber que los síntomas que muchas personas experimentan durante los primeros días sin fumar son normales y constituyen una prueba de que tu organismo está empezando a recuperarse.

Entre los más comunes pueden aparecer:



  •     Un deseo muy fuerte de fumar.
  •     Irritabilidad.
  •     Ansiedad.
  •     Cansancio.
  •     Aumento del apetito.
  •     Síntomas depresivos.
  •     Sensación de fatiga.
  •     Trastornos del sueño.
  •     Trastornos digestivos.
  •     Dificultades de concentración.


Cuando sientas uno o varios de estos síntomas, no te desanimes, piensa que es una buena señal de progreso y que desparecerán en pocos días. Concéntrate en los beneficios inmediatos de proceso: estás empezando a dar un respiro a tu corazón y a tus pulmones y tu cuerpo se ha librado ya del monóxido de carbono y de las más de cincuenta sustancias carcinógenas que contiene el tabaco.

De ahora en adelante

Es posible que en algunos momentos la idea de mantenerte sin fumar te parezca difícil. No desesperes, puedes superarlo. Aunque como ya hemos visto, los deseos imperiosos de fumar serán cada vez menos intensos y aparecerán de forma más espaciada, no bajes la guardia. La mayoría de las recaídas suceden durante los primeros tres meses después de dejar de fumar.

Algunas situaciones difíciles ante las cuales debes mantenerte alerta durante las primeras semanas sin fumar son:


  •     Cuando vas de copas. Evita las bebidas alcohólicas. El beber reduce las posibilidades de lograrlo.
  •     En contacto con otras personas que fuman. Estar donde hay personas fumando puede hacer que tú desees hacerlo. Evítalo en lo posible. Si no puedes, infórmales de que estás dejando de fumar y pídeles por favor que no fumen ante tí.
  •     Si aumentas de peso. Sigue una dieta saludable y mantén una actividad física asequible. No dejes que el aumento de peso te distraiga de tu meta principal: dejar de fumar.
  •     Si sientes mal humor o depresión. Reconoce tus sentimientos, pero manténte firme. Recuerda que hay muchas formas de mejorar tu estado de ánimo sin fumar.
  •     Muchas recaídas se deben a un exceso de seguridad. Cuando hayas superado los primeros días, no pienses que ya está todo ganado, sería un error.


Recuerda siempre que:


El deseo de fumar se puede presentar en el momento más inesperado.
Durante la fase de preparación aprendiste a hacer consciente el acto, antes automatizado, de encender un cigarrillo. Ahora, ante la posibilidad de encender un nuevo cigarrillo o no, siempre tienes la opción de escoger alguna de las conductas alternativas que preparaste inicialmente.
Si enciendes un cigarrillo, pensando que será uno y nada más, tienes entre un 80 y un 90% de probabilidades de iniciar una recaída, ¿crees que vale la pena?.
Cuanto más inconscientes son nuestros actos, más automática es nuestra conducta y menos capacidad tenemos de elegir conscientemente lo que queremos hacer; pero este proceso no es inevitable. Los automatismos se pueden romper.
Cuanto más consciente seas de los momentos en los que puede presentarse la tentación, mayor será tu capacidad de controlar tus actos, mayores serán tus posibilidades para escoger qué vas a hacer.

Hay formas eficaces para incrementar tu capacidad de elección, y se resumen en: la identificación y anticipación de las situaciones de riesgo, junto a la clara definición de alternativas.
Para la mayoría de las personas, las situaciones en las que existe un alto riesgo de volver a fumar son las siguientes:


  •     Al despertarte por la mañana.
  •     Al tomar café.
  •     Después de comer.
  •     Viendo la televisión.
  •     Al ir de copas.
  •     En una celebración.
  •     Al leer el periódico o un libro.
  •     Si sientes cansancio.
  •     Cuando te enfadas por algo.
  •     Cuando alguien te irrita.
  •     Por pura tensión o ansiedad.
  •     Conduciendo el coche.
  •     Cuando fuman otras personas.
  •     Cuando te ofrecen tabaco.
  •     Al hablar por teléfono.
  •     Cuando tienes hambre.
  •     Cuando todo sale mal.
  •     Cuando te aburres.
  •     Cuando intentas concentrarte.
  •     Cuando estás alegre.


Frente a todas estas circunstancias y frente a otras que a lo mejor ahora no prevees, debes estar especialmente alerta y saber que no debes ceder, ni por un solo cigarrillo, ni tan siquiera por una simple calada.

En general, te será útil:

  •     Revisar las actividades alternativas que planeaste en tu fase de preparación.
  •     Cambiar tus rutinas y actividades habituales, los itinerarios y los escenarios, hacer algo relajante y placentero.
  •     No preocuparte por el hecho de que durante las primeras semanas debas cambiar muchas de tus costumbres diarias. No te alarmes, no será para siempre.
  •     Repasar la lista de motivos para dejar de fumar, añadiendo nuevos motivos si los descubres.
  •     Practicar alguna técnica de relajación sencilla, que puedas hacer en tu casa, en el trabajo, etc.


Las dudas de los primeros días



No logro concentrarme en nada desde que he dejado de fumar.


Es un síntoma normal que remitirá a las pocas semanas de haber dejado de fumar. Más adelante verás que puedes realizar cualquier actividad más fácilmente que cuando fumabas, tu mente estará más despejada y no dependerás del tabaco para encontrarte a gusto.

Toso más y me encuentro peor ahora que lo he dejado


En los primeros días y hasta las tres o cuatro semanas después de dejar de fumar, toser más de lo habitual es normal. También pueden aparecer flemas e irritación de garganta. Estos problemas son debidos a que el organismo se adapta a una nueva condición y para ello utiliza sus sistemas de limpieza de impurezas y recupera funciones que había perdido debido al tabaco (respiración, olfato, gusto). Una vez hayas terminado este proceso intensivo de limpieza, estos síntomas desaparecerán.


Lo estoy consiguiendo, ha sido más fácil de lo que creía, por ello, en esta fiesta me fumaré un cigarrillo, por uno no pasará nada


Error. Es estupendo si está siendo más fácil de lo que creías, pero no te confíes, muchas recaídas ocurren por un exceso de confianza. No pienses que puedes fumar algún cigarrillo ahora que ya has visto que puedes vivir sin fumar. Ese cigarrillo supone entre un 80 y un 90% de probabilidades de recaída. En poco tiempo volverías a fumar lo mismo que antes o más. Las personas que creen controlar o limitar el consumo a determinadas ocasiones, al poco tiempo están fumando en cualquier ocasión. Por tanto, no cedas nunca, ni por una sola calada.


He vuelto a fumar un cigarrillo, ya no vale la pena continuar el esfuerzo, lo he echado todo a perder


No ha sido una buena idea, pero estás a tiempo aún de remediarlo. Si te paras en el primero, no lo consideres como una recaída, considéralo como un serio aviso para no repetir. Los bebés tropiezan muchas veces hasta que aprenden a caminar sin caerse.


¿Cuándo podré considerar que he dejado de fumar con éxito?


No hay un período establecido para poder decir que se ha conseguido con éxito. Los distintos estudios realizados entre miles de personas que han dejado de fumar, consideran que se ha conseguido el éxito a partir de los doce meses de abstinencia. Después de eso, sólo queda recordar lo fácil que fue empezar a fumar y los motivos para no volver a hacerlo jamás.
Esta vez lo intenté en serio, pero he vuelto a caer... estoy fumando como antes
Dejar de fumar es un proceso en el que a veces interviene la recaída, pero cada intento es un paso adelante hacia el objetivo que te has propuesto. Si has conseguido estar un tiempo sin fumar (horas, días, semanas), ya sabes que puedes vivir sin tabaco. Aprende de los fallos anteriores, piensa en qué te equivocaste. Y dentro de un tiempo, vuelve a visitar esta página.

Disfruta de tus logros



Valora lo que estás ganando. Al dejar de fumar no todo serán dificultades. Es cierto que durante unos días tendrás que mantenerte alerta para no volver atrás, que deberás afrontar situaciones difíciles, que experimentarás un cierto sentimiento de pérdida, de vacío, por haberte distanciado de algo que te ha acompañado durante mucho tiempo. Sin embargo, centra tu atención en lo que estás empezando a experimentar.


Mejoras en tu salud que estás empezando a disfrutar ya:


  •     Pasados 20 minutos: recuperas tu presión sanguínea y tu pulso cardíaco normales. Empieza a mejorar la circulación de la sangre en tus piernas.
  •     A las 8 horas de abstinencia: tus niveles de oxígeno en sangre se normalizan. Desde ese mismo instante empieza a disminuir tu riesgo de sufrir un ataque cardíaco. Si tenías alguna enfermedad relacionada con el consumo de tabaco, aumentan desde ahora mismo tus posibilidades de recuperación.
  •     En un par de días: ya has eliminado la nicotina de tu organismo. Recuperas algunas capacidades de percepción atrofiadas hasta ahora, notando mejoras inmediatas de los sentidos del gusto y del olfato.
  •     Al tercer día: compruebas que puedes respirar mejor, debido a la relajación de los circuitos bronquiales. Por ello, te sientes mejor y con más energía.
  •     Al cabo de 3 semanas: disminuye o desaparece la tos. Los pulmones trabajan mejor y también tu circulación sanguínea ha mejorado sensiblemente.
  •     Al cabo de 2 meses: tienes más energía y agilidad. Experimentas la satisfacción de haber recuperado la dirección de una parte de tu vida que hasta ahora dependía del tabaco.
  •     A los 3 meses: tus pulmones funcionan ya del todo normalmente.
  •     Después de 1 año: tu riesgo de muerte repentina por ataque al corazón se ha reducido a la mitad.
  •     En 10 años: tu riesgo de sufrir un ataque al corazón o un infarto de miocardio se ha equiparado al de las personas que nunca han fumado. Tu riesgo de padecer un cáncer de pulmón ha disminuido a la mitad.



Además...


  •     Respetas el derecho a respirar aire limpio de quienes te rodean.
  •     Eres un ejemplo positivo para tus hijos y las nuevas generaciones en general.
  •     Tienes las satisfacción de haber recuperado la dirección de una parte de tu vida que hasta ahora dependía del tabaco.
  •     Has ganado en salud.
  •     Ahora que ya no compras tabaco, estás empezando a poder disponer del dinero que gastabas en cigarrillos para otras cosas.




Para no olvidar



  •     Haz una copia de esta lista y colócala en lugares estratégicos para verla con frecuencia y recordarla de forma permanente.
  •     Diez principios para consolidar el cambio
  •     Disfrutas de tus mejoras físicas inmediatas: te cansas menos, ha desaparecido la tos, tienes más energía y respiras mejor.
  •     Disfrutas de tu nuevo entorno, más fresco y despejado. Mantienes encendedores, cerillas, ceniceros y tabaco fuera de tu presencia.
  •     Disfrutas de la compañía de tus amigos que no fuman. Cuéntales las ventajas de dejar de fumar a aquellos que todavía fuman.
  •     Si ya te has hecho una limpieza dental, mira cómo han mejorado tus dientes, nota cómo ha mejorado tu aliento. Si no te has hecho todavía esa limpieza, hazlo, vale la pena.
  •     Contienes el deseo imperioso de fumar, que cada vez es más esporádico y menos intenso. Tienes siempre a punto algo para picar o masticar: fruta fresca, frutos secos, chicles sin azúcar,... cualquier cosa menos cigarrillos. Inicias actividades que te distraen, te gustan y te gratifican.
  •     No piensas que tendrás que estar toda la vida sin fumar. Valoras lo que has conseguido hasta ahora y te concentras en superar las ganas de fumar cada vez que se presentan. No te confíes, durante los primeros meses continuarán presentándose momentos peligrosos, los pequeños descansos del trabajo, cuando vas a tomar algo... Ten mucho cuidado y muy claras las conductas alternativas con las que afrontarás el peligro.
  •     Aprendes a relajarte sin cigarrillos. Haces respiraciones profundas soltando el aire lentamente y diciéndote a tí mismo "tranquilo", cada vez que te sientes tenso.
  •     Recuerdas tu lista de razones para no fumar y la repasas de vez en cuando. Piensa si ahora que no fumas puedes añadir nuevas razones a tu lista inicial.
  •     Ahorras dinero cada día. Después de unos meses de abstinencia hazte un regalo: algo que nunca te permitiste anteriormente.


No cedes nunca, ?ni un solo cigarrillo!.


Consejos para una alimentación saludable:


  •     Para evitar engordar, trata de comer racionalmente, evitando grasas, dulces e hidratos de carbono. Por ejemplo:
  •     Si sientes la necesidad de tener algo en la boca, los caramelos o chicles sin azúcar son un buen recurso. Puedes utilizar también tentempiés bajos en calorías como: naranjas, fresones, manzanas, zanahorias...
  •     Bebe agua en abundancia, te ayudará a sentir saciedad, además de contribuir a limpiar tu organismo de nicotina.
  •     Intenta mantener una dieta saludable; la adopción de la dieta mediterránea -rica en frutas, verduras y pescado- contribuirá a ello.
  •     Modera el consumo de alimentos de origen animal, sobre todo las carnes más grasas y los embutidos.
  •     Añade algún tipo de ejercicio razonable en tu rutina diaria, aunque sea andar un poco, coger la bicicleta o pasear.
  •     Descansa adecuada y suficientemente.


Consejos para un ejercicio moderado



La mejor opción de ejercicio moderado es caminar a buen paso, o simplemente pasear.
No es recomendable, al menos al principio, realizar ejercicios fuertes puesto que el sistema cardiovascular está deteriorado por el tabaco y hay que darle tiempo para que se recupere.
Es recomendable andar todos los días.

Empezar por 10 minutos los primeros días e ir aumentando progresivamente hasta llegar a media hora o una hora diaria.


El ritmo mantenido es más importante que la velocidad. No debes pararte, por ejemplo, a mirar escaparates. El ritmo del paso adoptado debe hacerte sentir que estás haciendo un ejercicio físico, pero éste no debe dificultar la respiración. Por ejemplo, si caminas en compañía, debes poder mantener la conversación.


Es conveniente fijar una hora en que todos los días saldrás a caminar, para incorporarlo como una pauta habitual. Si lo dejas para cuando tengas tiempo, nunca saldrás a caminar.


Este ejercicio físico, además de gastar calorías, sirve de distracción, calma la ansiedad y aumenta la liberación de opiáceos endógenos, con lo que se produce una sensación de bienestar y se alivian los posibles síntomas de depresión.


Cómo nos atrapa el tabaco



Los motivos y las razones que nos llevan a fumar
Prender un cigarrillo, aspirar su humo y quemar hasta la última brizna de tabaco, apagar la colilla y, al rato, repetir. Cientos de veces, día tras día, la actitud cotidiana de millones de personas. ¿Por qué? ¿Qué razones son las que obedecen a esa costumbre, a ese hábito tan perjudicial y tan popular de fumar que se ha convertido en la epidemia sanitaria más importante del siglo XXI?


Todos tenemos algún motivo para fumar



Cuando a los fumadores se les pregunta por qué fuman, suelen dar respuestas muy diversas: "Fumo porque me gusta", "Se ha convertido en un hábito", "Me ayuda a aliviar el estrés", "Me permite concentrarme", "Hace mucho que fumo y no me hace daño", "Sé que es malo para la salud, pero no puedo dejarlo"... Pero ninguna explicación es suficiente por sí sola, y muchas de ellas ni siquiera responden a la realidad o no son generalizables al resto de fumadores. Sin embargo, vistas en su conjunto, resultan muy clarificadoras y permiten llegar a una comprensión real de la situación.


Por desgracia, nos hemos habituado a convivir con el tabaco desde muy pequeños. Los cigarrillos de chocolate que muchos hemos "fumado" o comprado alguna vez a nuestros niños son ya un sutil y temprano acercamiento hacia el tabaco.


Entender el hecho de fumar como un proceso vital



Fumar no es un acto que se base en una razón concreta. Es un proceso que abarca distintas fases. Y cada fase, cada etapa de este proceso, tiene "sus razones". Aunque todos estamos siempre "tentados" por el tabaco, esta atracción es mucho más fuerte para los fumadores, ya que con cada cigarrillo están creándose un nuevo motivo para seguir atrapados por el poder de seducción del tabaco. Y estas tentaciones se presentan de diversas formas y por distintas razones en cada una de las etapas de este proceso.


La influencia de la sociedad


El tabaco se nos da a conocer a todos muy pronto. A posibles fumadores y a futuros no fumadores. Directa, o indirectamente. Nuestro entorno es un mundo en el que el tabaco campa a sus anchas, lo encontramos en todas partes y asociado a las más diversas actividades humanas.


La publicidad nos lo muestra como un medio excelente para alcanzar el placer, la felicidad y la libertad. Y en nuestra sociedad, poco conocedora de sus riesgos para la salud, se utiliza como un medio para relacionarse con los demás, y como una herramienta "ideal" para desarrollar muchas actividades cotidianas.


¿Cuestión de familia o de carácter?



Pese a que algunos estudios han encontrado que la herencia genética puede tener que ver con el hecho de fumar, ni ésta ni otras causas (como la predisposición de las personas con un carácter extravertido o impulsivo) son determinantes.
Fumar es un complejo conjunto de conductas y actos provocados por múltiples y muy diversas causas. No puede verse desde una única óptica, y entenderse sólo con una razón concreta, sino que debe encararse desde la comprensión de un completo conjunto de razones.
Comprender de forma global las razones que llevan a iniciarse en el hábito de fumar y perpetuarlo nos ayudará a poder ejercer control sobre el tabaco, y posteriormente llegar a dejarlo.


El fumador en el diván



Los datos son elocuentes: a los fumadores cuya lactancia se mantuvo durante 8 meses les resulta más fácil abandonar el tabaco que a aquellos cuya lactancia fue más corta, por lo que teóricamente recibieron menos atención maternal durante la alimentación. Pero la idea freudiana de que fumar es una "actitud erótica" sólo es una más de las múltiples razones que pueden motivar el hecho de fumar.
Desconocer las repercusiones reales que el hábito de fumar tiene sobre la salud (o su poca valoración) es uno de los motivos para iniciarse y mantenerse en el consumo de tabaco.


El primer cigarrillo


Los recuerdos de los fumadores coinciden casi todos al respecto: la práctica totalidad se iniciaron en el consumo del tabaco durante la adolescencia. Algo que respaldan los estudios científicos: según la Organización Mundial de la Salud, más del 60% de los jóvenes han probado el tabaco a los 15 años y más de un tercio de todos ellos son fumadores activos antes de cumplir los 18.


La adolescencia


Al ser algo prohibido y reservado a los mayores, fumar es algo que, por imitación, permite acceder a un "privilegio" de los adultos. Además, al fumar, el "rebelde" adolescente se salta las normas de los adultos y se integra en su grupo de amigos. Por otra parte, el joven, que está en una etapa en la que está formando su personalidad, es muy vulnerable a todo aquello que le ofrece poder, aventura y libertad, ya que necesita reafirmarse y hacer suyos (y cuanto antes mejor) los valores y las conductas de que disfrutan los adultos.


Uno de cada tres jóvenes es fumador habitual antes de haber llegado a cumplir los 18 años.
El "glamour"
Y ¿quién ofrece al adolescente todos esos valores? La industria del tabaco, a través de la publicidad. Con sólo encender un cigarrillo nos transformamos en unos grandes seductores, somos "interesantes", galopamos a lomos de un caballo en pleno Cañón del Colorado o nos convertimos en la mujer más atractiva y liberada del mundo. Y todo transmitido a través de espectaculares imágenes y de jóvenes esbeltos, atléticos, saludables y divertidos, transgresores de normas y, sobre todo, libres.


Dos factores muy influyentes en el adolescente son el sentirse integrado en el grupo de amigos y la publicidad, que lo bombardea utilizando anuncios que asocian el fumar con grandes logros personales y con la sensación de libertad.


¿Cómo se llega a depender del tabaco?

Pero, además, hay toda una serie de "mitos" sobre el tabaco que hacen que el joven recién iniciado acabe fumando de forma habitual. Por un lado están la falsa convicción de que el tabaco tranquiliza, da confianza y controla el peso, así como el desconocer y dar poca importancia a los riesgos que fumar tiene para la salud. Por otra parte, está la tolerancia y complicidad de los familiares y amigos, y la facilidad con que el adolescente puede acceder al tabaco, ya que se lo ofrecen y se lo encuentra por todas partes, y además le resulta económicamente asequible obtenerlo.


Tras las primeras caladas se vencen los primeros síntomas de intoxicación (toses, ahogos, náuseas y mareos) y se aprende a "tragar" el humo sin que el cuerpo lo rechace. Y de fumar esporádicamente se empieza a fumar a diario. A medida que se aprende a hacer uso del tabaco, el número de cigarrillos va aumentando.


El cigarrillo va generando dependencia física y, como cualquier otra droga, cada vez permite mayor tolerancia a su consumo, mientras que una brusca disminución de la cantidad acostumbrada provoca el "mono". Y eso en un corto espacio de tiempo, que da paso a la etapa de adicción, en la que se alcanza la dependencia física.


Formas de dependencia


El consumo de tabaco es un proceso en el que se acaban mezclando varios tipos de dependencia: a la dependencia física motivada por la nicotina hay que añadirle otros tipos de dependencia también muy influyentes: psicológica, social, gestual...


Cada calada proporciorna una nueva asociación del tabaco con alguna de las situaciones de la vida diaria: un fumador de 15 cigarrillos diarios saca un cigarrillo del paqueft unas 100.000 veces al cabo de quince años, y da más de un millón de caladas. Todo ello genera en él una fuerte e importante dependencia gestual por el tabaco. Y, encima, todos sus utensilios (mecheros, ceniceros, paquetes de tabaco, etc.) son elementos que le unen aún más a su costumbre de fumar.


Por lo tanto, el fumador que decide dejar el tabaco no tendrá solamente que librarse de su dependencia de la nicotina, sino que deberá afrontar y romper con todas y cada una de las cadenas que le atan al tabaco, sin "bajar la guardia" en ningún momento tras haber "vencido" sólo alguna de ellas.


Comprar por Internet



En California (EE.UU.) una iniciativa llamada "Propuesta 10" consiguió a finales de 1998 que se aumentara en un 50% el precio de las cajetillas. Con esta medida, en sólo medio año se ha conseguido reducir el consumo en un 30%, pese a que, como contra estrategia, más de 20 tabaqueras con sede en otros estados americanos con impuestos más bajos sobre el tabaco empezaron a vender a los californianos su producto por correo a través de internet.


La nicotina


Una de las más de 4.000 sustancias tóxicas presentes en el humo del tabaco es la nicotina, una droga que tiene una alta capacidad adictiva. Cuando el fumador da una calada a su cigarrillo, una determinada cantidad de esta sustancia llega al cerebro en tan sólo siete segundos, y actúa sobre él facilitándole experimentar un incremento de sus sensaciones placenteras. Esta reacción fisiológica hará que el fumador desarrolle dependencia física por la nicotina, lo que le llevará a consumir más tabaco y además le "obligará" a seguir haciéndolo, ya que al poco de no fumar sufrirá reacciones como la ansiedad, el nerviosismo, la irritabilidad, etc., que constituyen los síntomas del "síndrome de abstinencia" que sobreviene a causa de la ausencia de nicotina.


Siempre un cigarrillo... para cada ocasión


Además, el cigarrillo acaba siendo indispensable para relacionarse y estar en sociedad, y es "decisivo" para tomar decisiones importantes o para controlar los estados de ánimo: si se está furioso, el cigarrillo tranquiliza; si se está aburrido, distrae; si triste, consuela; tras el éxito, recompensa, y tras el fracaso, alivia o castiga. Encima, aplaca el hambre, despierta por las mañanas, concentra en el trabajo o durante las horas de estudio, mejora la digestión tras las comidas... Sin olvidar, claro, el olor y sabor del tabaco, el disfrutar de "un buen mechero", y la seguridad y la calma que dan el llevar un paquete bien repleto, para todas las situaciones. En definitiva, un largo etcétera de usos que le otorgan la falsa etiqueta de resultar un fácil recurso para controlar cualquier situación, emocional o fisiológica.


Factores que llevan a empezar a fumar

  •     Factores ambientales como la influencia de la publicidad, y la gran oferta, facilidad y accesibilidad económica del tabaco para los jóvenes.
  •     Factores sociales como la influencia de la familia, los amigos y la aceptación social del tabaco, así como el desconocimiento de las consecuencias del hábito.
  •     Factores personales, de tipo psicológico y relacionados especialmente con la formación del carácter y la personalidad durante la adolescencia.
  •     Factores que causan la dependencia del tabaco
  •     Factores farmacológicos, fundamentalmente la gran capacidad adictiva de la nicotina, que genera placer y cuya carencia origina el "mono".
  •     Factores de costumbre y de creación de hábitos, relacionados con la utilidad que cada uno le da al cigarrillo, así como con las circunstancias que rodean el fumar.
  •     Factores sensoriales y gestuales, como el "agradable" olor y el sabor del tabaco para los fumadores, y la repetición continua de gestos como las caladas y el sacar un cigarrillo en cualquier circunstancia y ocasión.

Trastornos y problemas cotidianos del tabaco

Las caladas iniciales de su primer cigarrillo avisan ya al fumador de un sinfín de molestias que le acompañarán durante toda su existencia. Las toses, ahogos, náuseas y mareos que aparecen después de aspirar directamente su primer humo son la forma como el organismo le advierte de que el tabaco es un tóxico que le revuelve y descompone el cuerpo. Pero, tras estos primeros síntomas de intoxicación, su cuerpo se "acostumbra" al cigarrillo y ya no lo rechaza con métodos tan expeditivos, acaba habituándose a él y termina "necesitándolo".
Sin embargo, la toxicidad del tabaco sigue haciendo mella de forma evidente en la vida del fumador, originándole una serie de molestias y trastornos que, aunque no tan violentos como los de "la primera vez", le obligan a convivir cotidianamente con una sensación más o menos difusa de malestar, que abarca desde trastornos "ligeros" hasta un deterioro evidente de su salud y su aspecto físico.


Reconocer cuáles son esas situaciones, y saber cómo aliviadas, ayudará a la persona fumadora a vivir en un entorno mejor y con unas condiciones mucho más saludables, y, sobre todo, a plantearse seriamente el abandono del consumo del tabaco.


Además de amenazada seriamente por un alto riesgo de enfermedades graves y mortales, la salud del fumador se ve desde el primer día alterada por multitud de pequeñas molestias y por la mayor tendencia a padecer trastornos crónicos y agudos más o menos llevaderos, que en muchos casos no son otra cosa que una advertencia del deterioro que el tabaco está produciendo en su organismo.


Trastornos del sueño



Las personas fumadoras tienen mayores problemas de insomnio que las no fumadoras. En general, además de más dificultades para conciliar el sueño, también experimentan más alteraciones durante el mismo, lo que les lleva a dormir peor y descansar menos. Esto origina que muchos fumadores estén somnolientos, de mal humor y cansados durante el día. Y para contrarrestarlo, acaban fumando aún más, lo que crea un círculo vicioso del que es muy difícil salir si se continúa fumando.


El origen de estos trastornos del sueño puede estar en enfermedades o alteraciones ocasionadas por el tabaco. Pero también en el propio hecho de fumar, combinando múltiples factores como son el efecto estimulante de la nicotina, la sensación de abstinencia que se produce durante el descanso nocturno, la tensión arterial elevada y un pulso acelerado (típicos de la persona fumadora), así como su mayor tendencia a tomar excitantes como el café.
Mientras que sólo una de cada cinco personas no fumadoras roncan, prácticamente la mitad de las que fuman lo hacen habitualmente, algo que deja de pasar al abandonar el tabaco.
La mejoría del sueño se obtiene de forma evidente tras cortar con el tabaco, aunque durante los primeros días, y a consecuencia del síndrome de abstinencia (que desaparece al poco de dejarlo), es habitual que estos trastornos sean aún más pronunciados durante un corto espacio de tiempo.


Trastornos del carácter y de las capacidades intelectuales



Paradójicamente, pese a la ilusoria sensación de libertad que la publicidad del tabaco transmite, y en contra del hecho de proporcionar placer y satisfacción, tanto física como psicológica, el tabaco también origina múltiples situaciones cotidianas en las que el malestar se apodera del fumador. Incapaz de controlar las reacciones fisiológicas de la nicotina en su organismo, muchas veces el cigarrillo no le calma, sino que le excita, y no le tranquiliza, sino que le irrita. Además, le provoca una disminución de sus capacidades intelectuales, ocasionándole problemas de atención, que hacen que los fumadores sean los conductores con mayores riesgos de accidentes de tráfico. Y su continua dependencia y su imprevista ausencia le provocan nervios y ansiedad, lo que puede acabar favoreciendo (y provocando) diversos estados depresivos.


Al dormir peor y descansar menos, muchos fumadores están somnolientos, de mal humor y cansados durante el día.


Alrededor del 5% de los accidentes de tráfico están causados por los problemas de atención y concentración que el tabaco causa entre los conductores que son fumadores.


Peligro de incendio


El enorme poder de combustión de los cigarrillos, que les hace seguir prendidos incluso cuando teóricamente se han apagado, provoca que por inconsciencia o descuido se originen muchos incendios, tanto forestales como en accidentes domésticos (del 5 al 10% de los incendios en viviendas y hasta el 15% de los forestales son consecuencia de cigarrillos encendidos o mal apagados).


Tos matutina



La frecuente y a menudo violenta tos matutina del fumador va acompañada de una expectoración nada agradable a la vista, y está provocada sencillamente por un estímulo como el cambio de posición al levantarse, o (las más de las veces) el primer pitillo del día.
Pero el fumador, acostumbrado a convivir con tan desagradables síntomas, apenas si les concede importancia. Sin embargo, debería saber que esa tos es la primera señal de alarma y el primer síntoma de una gravísima enfermedad: la bronquitis crónica, que si es diagnosticada a tiempo y el fumador abandona el tabaco, tiene curación. Sin embargo, si continúa fumando a pesar de esos síntomas iniciales, no tendrá curación y terminará produciéndole la muerte después de un largo y penoso proceso de enfermedad respiratoria.
La tos y las abundantes expectoraciones matutinas desaparecen al cabo de pocos días de dejar de fumar. Sin embargo, durante los días inmediatos al abandono del tabaco, se hacen más abundantes y frecuentes que cuando se fumaba.


Limpieza profunda



Durante los primeros días de dejar de fumar es frecuente que la expectoración y las toses matutinas continúen y además se repitan durante la jornada: sin tabaco, los bronquios regeneran los cilios bronquiales y vuelven a limpiar las vías respiratorias de todas las sustancias extrañas.


Inflamación e irritación de las mucosas


Pero además de ir "mal dormido" y despertarse por las mañanas con violentos ataques de tos y desagradables expectoraciones, el día a día de los fumadores tampoco acostumbra a ser muy radiante, ya que el efecto tóxico de los componentes del tabaco produce inflamaciones e irritación de diversas mucosas del organismo, y es la causa de muchos trastornos comunes a un gran número de fumadores: desde padecer frecuentes (o crónicas) conjuntivitis (inflamación de la membrana de los párpados, que produce una intensa irritación y enrojecimiento en los ojos), a sufrir diversas enfermedades de tipo digestivo (como úlceras, diarreas y acidez), así como molestias y trastornos en la boca, oído y garganta (sequedad, afonías y ronqueras, dolorosas ulceraciones e inflamaciones en el paladar y las encías, infecciones de oído), y un largo etcétera de pequeñas y grandes molestias y males, que forman parte del "malestar del fumador" y que pueden acabar desembocando en enfermedades crónicas y graves.


El cigarrillo "laxante"


Algunos fumadores califican al primer cigarrillo de la mañana como un excelente laxante. Efectivamente, la nicotina actúa sobre el intestino grueso y delgado y aumenta sus movimientos, lo que facilita el descenso de las deposiciones. Si bien es cierto que el abandono del tabaco va seguido de unas semanas de estreñimiento, también lo es que esta molestia suele desaparecer a las 8 o 10 semanas de haber dejado de fumar.


Tendencia a la enfermedad


Además de provocar dolores de cabeza y de debilitar a todos estos órganos inflamados e irritados, el tabaco también destruye algunas vitaminas y minerales indispensables para el buen funcionamiento de las defensas naturales de nuestro organismo.


De este modo, el fumador acaba siendo blanco fácil de las más diversas enfermedades infecciosas que amenazan nuestra salud cotidiana, y frecuentemente es el primero en verse envuelto en gripes y resfriados y muchos otros trastornos para los que su debilitado sistema de defensas no tiene recursos con los que luchar (el absentismo laboral y escolar, y la utilización de los servicios sanitarios, es mucho mayor entre los fumadores que entre los exfumadores y no fumadores).


Los síntomas del malestar del fumador, incluso aquellos que son consecuencia de enfermedades que se han terminado convirtiendo en crónicas, se reducen significativamente en el momento de dejar de fumar, y muchos de ellos desaparecen definitivamente.


La importancia de la alimentación


Suplir las carencias y potenciar las defensas
El tabaco, asociado tantas veces con nuestros hábitos alimentarios (desayunarse con un cigarrillo, fumar después de comer para hacer la digestión, un "buen" pitillo para aliviar el hambre, etc.), es también un potente tóxico que impide a nuestro cuerpo asimilar muchas sustancias alimenticias indispensables para su buen funcionamiento. Por ello, el primer cuidado del fumador debe pasar por una alimentación adecuada, que a la vez que reemplace esos "cigarrillos-comida", permita a su organismo reponer los nutrientes que destruye el tabaco, y le proporcione alimentos que a la vez que nutritivos propicien la depuración del cuerpo y sean elementos que ayuden a prevenir la aparición de muchas de las enfermedades que el tabaco origina.


Malas costumbres


Empezar el día con un cigarrillo y un café en vez de con un saludable desayuno nutritivo es una práctica habitual entre los fumadores, igual que también lo es sustituir el aperitivo y el tentempié de la merienda por los pitillos que "alivian" la espera de la hora de comer y la sensación de hambre, o reemplazar una buena infusión digestiva después de las comidas con la irritante acción que el humo del tabaco ejerce sobre el organismo.
Es muy habitual entre los fumadores desayunarse con un cigarrillo y un café, que a menudo son lo único que toman (además de más tabaco) antes de la hora de comer.


Alimentación equilibrada


Tanto si fumamos como si no lo hacemos, el primer paso para gozar de buena salud es, seguir una alimentación equilibrada que sea variada, agradable y suficiente.
Se habla de alimentación "equilibrada" cuando tomamos de todas las sustancias que el organismo necesita para su correcto funcionamiento, contenidas en proporciones diferentes en cada grupo de alimentos.
A no ser que exista una contraindicación dietética debida a una enfermedad que exija una dieta específica (diabetes, obesidad, etc.), o a determinadas opciones alimentarias (como el ser vegetarianos), que necesitan otras combinaciones distintas, los adultos nos aseguramos una alimentación sana y equilibrada cuando en nuestros hábitos alimentarios seguimos las pautas descritas a continuación.

Alimentación sana y equilibrada

Alimentos de todos los grupos y en la proporción adecuada.
Los alimentos se clasifican en seis grupos distintos, según su contenido en sustancias alimenticias:


1 Lácteos: En general, la leche y sus derivados (queso, requesón, yogur, etc.).


2 Féculas: En este grupo se incluyen el pan, la pasta, los cereales y las legumbres.


3 Verduras y hortalizas: Lechugas, tomates, judías verdes, zanahorias, calabazas, etc.


4 Frutas: Plátanos, naranjas, limones, frutas tropicales, melón, sandía, uvas, etc.


5 Carnes y pescados: En este grupo se incluyen la carne y otros productos de los animales (carnes rojas y blancas, huevos, embutidos) y todo tipo de pescados.


6 Grasas: En general, todos los aceites de origen vegetal y sus derivados (aceite de oliva, de girasol, margarinas, etc.) y las grasas de origen animal (tocino, mantequilla, etc.)


Tenemos que consumir 2 raciones distintas diarias de cada uno de los grupos, excepto del de las féculas, del que tomaremos de 4 a 5 raciones, y el de los aceites vegetales, del que deberemos consumir entre 30 y 50 gramos diarios.


Energía necesaria para que el organismo funcione correctamente



Los alimentos ingeridos nos deben proporcionar toda la energía que necesitamos para funcionar correctamente. La cantidad necesaria de kilocalorías depende de la actividad física, la edad y el sexo. El promedio para un adulto que realice una actividad moderada es de 2.500 a 2.800 diarias.
Distribuir los alimentos en cinco comidas
Durante el día distribuiremos los alimentos en cinco tomas diarias (desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena), ya que de este modo aseguraremos un mejor ritmo metabólico y digestiones menos pesadas. Si no puede hacerse así, puede agruparse el almuerzo con el desayuno y distribuirse la merienda entre la comida y la cena, pero nunca juntar todas las tomas en una gran comilona, ya que dificultaremos y entorpeceremos el ritmo metabólico adecuado, lo que nos provocará malas digestiones y puede tener serias repercusiones.

Tomar mucha agua


Beberemos al día dos litros y medio de agua como mínimo. Para ello, las comidas son un buen momento, ya que el agua favorece el tránsito intestinal. Sin embargo, si comiendo se toma abundantemente, el agua puede dificultar la digestión, tanto por el volumen que ocupa en el estómago como porque disuelve demasiado los jugos digestivos, con lo que no son tan efectivos. Por ello, deberían tomarse como máximo dos vasos en cada comida y beber más abundantemente fuera de ellas (lo que se recomienda muy especialmente a todas aquellas personas que suelan tener digestiones pesadas).
Vitaminas, minerales y tabaco
Las vitaminas y minerales son sustancias indispensables que nuestro cuerpo no puede sintetizar y que debe obtener de los alimentos
Un aporte adecuado de vitaminas permite mantener una buena respuesta inmunitaria, enlentecer los procesos de envejecimiento y reducir los riesgos de enfermedad cardíaca e, incluso, cancerosa. Por su parte, los minerales son imprescindibles en el equilibrio del agua y ácido-básico, en la transmisión del impulso nervioso, en la formación ósea, en la acción de enzimas y hormonas, y en el sistema de defensas.
Si somos personas fumadoras deberíamos tener en cuenta que:
El tabaco dificulta la asimilación e interfiere en el metabolismo de las vitaminas C y E, y también del calcio, elementos de los que hay una importante carencia en el fumador.
Hay un grupo de vitaminas y minerales que actúan como agentes protectores de las diversas acciones tóxicas del tabaco sobre nuestro cuerpo (especialmente la vitamina A, el complejo vitamínico B, el selenio, el cinc, los carotenoides y los flavinoides).
Por tanto, además de equilibrada, nuestra dieta deberá contener alimentos que sean ricos tanto en todas las vitaminas y minerales que destruye el tabaco, como en las que nos protegen de sus peligros.


No automedicarse. El consumo de suplementos vitamínicos sin control médico y las autorecetadas dietas de adelgazamiento (o cualquier otro régimen que no esté preparado por un especialista en nutrición) son muy peligrosos, ya que pueden provocar trastornos serios en la asimilación y actuación de las vitaminas y los minerales, y también en las de otras sustancias alimenticias indispensables.


La alimentación de la persona fumadora
En la persona fumadora, la acción destructiva del tabaco limita el aporte de algunos nutrientes imprescindibles para cubrir los requerimientos del organismo (principalmente vitaminas y minerales), lo que puede llevar a que aparezcan síntomas característicos como son malestar general, menor resistencia a las infecciones, estado de irritabilidad y fatiga, pérdida del apetito, insomnio, etc. Pero, además, la acción tóxica del humo del tabaco ocasiona daños en el organismo que originan que el fumador tenga un alto riesgo de contraer un gran número de graves enfermedades.
Por ello, su alimentación, además de equilibrada, debe ser muy rica en todas esas sustancias que el tabaco destruye (y ser capaz de reponerlas) y tener en cuenta también un aporte extra de alimentos ricos en sustancias que protejan su cuerpo frente al riesgo de enfermedades asociadas a fumar, como son las infecciones microbianas y bacterianas, el cáncer, las enfermedades circulatorias y respiratorias, el envejecimiento prematuro, los problemas de huesos como la osteoporosis, y las enfermedades y los trastornos gástricos como las úlceras y la acidez.

Alimentos imprescindibles para el fumador

En la dieta del fumador, además de seguir los principios expuestos de la alimentación equilibrada, deberá darse prioridad a una serie de alimentos que no sólo cubrirán la necesidad de toda persona de nutrirse, sino que además le ayudarán a practicar la medicina preventiva desde la despensa, ya que son alimentos ricos en todas aquellas sustancias que destruye el tabaco, pueden suplir las carencias que ocasiona y, además, aportar defensas extras al organismo para disminuir los riesgos de enfermedad asociados con el tabaco.
Ajo - Tiene una gran capacidad antibiótica frente a infecciones producidas por hongos y bacterias, que tan frecuentes son entre los fumadores. Por otra parte, previene el riesgo de enfermedades circulatorias, del cáncer, baja la tensión y disminuye el colesterol, además de favorecer la digestión y ser un buen diurético.
Coles - Son excelentes digestivos y potencian los efectos de algunos antioxidantes de nuestro organismo (que protegen contra el envejecimiento y la génesis de ciertas enfermedades y cánceres), además de ser ricas en calcio, potasio y otros minerales, y en vitaminas C, E y del grupo B.
Zanahorias - Son ricas en calcio y en fibras, además de tener un elevado poder protector, al contar también con altas cantidades de betacarotenos.
Mostaza - Tiene un alto contenido en vitamina C, B6, potasio, calcio, magnesio, fósforo y azufre. Además, presenta las mismas propiedades terapéuticas que las coles. Hay que vigilar, ya que las que se compran en la tienda tienen también mucha sal, aunque se pueden encontrar sin ella en establecimientos especializados.
El regaliz - Como las coles y la mostaza, potencia la actividad de los antioxidantes, pero además es rico en flavinoides y se le reconocen propiedades antitumorales. Al tener también propiedades hipertensoras posee un poder estimulante similar al del tabaco, lo que, sin embargo, debe ser tenido en cuenta en todos aquellos enfermos de hipertensión. Tampoco es adecuado en las personas con problemas en el metabolismo del potasio.
Verduras de hoja verde - Acelgas, espinacas, puerros, lechugas, etc. Tanto las naturales como las congeladas (que mantienen casi todas sus propiedades nutricionales) tienen un gran contenido en antioxidantes (lo que les confiere un gran valor protector), así como betacarotenos, vitaminas C y E, potasio, magnesio, hierro, calcio, cinc y selenio. Además, contienen fibra, que favorece el tránsito intestinal y ejercen un poder protector de las paredes del intestino.
La fruta - Tanto la fruta estacional como la exótica tiene un elevado contenido en betacarotenos, minerales y ácidos orgánicos que la hacen imprescindible para mantener un buen estado de salud, así como para prevenir enfermedades circulatorias y cánceres.
Un buen sustituto de la fruta del tiempo es consumirla en conserva (sobre todo si se evitan las almibaradas, o eligiendo las conservas que especifiquen que contienen "almíbar claro" ), o tomada seca (pasas, orejones, ciruelas, higos y dátiles), donde, a excepción de vitamina C, encontraremos a dosis concentradas todos los elementos de la fruta fresca, y un alto contenido en fibra.
Frutos oleaginosos - Almendras, avellanas, nueces, pistachos, piñones, coco, aguacate, chufas, etc. contienen ácidos grasos insaturados y esenciales, ácido oleico (almendras y avellanas) y ácido linoleico (cacahuetes y nueces), que las convierten en excelentes protectores de enfermedades cardiovasculares. Además tienen también minerales antioxidantes como el cinc, el cobre (nueces y aguacates), el hierro (avellanas), y otros muchos minerales como calcio, potasio y magnesio, y vitaminas E y del grupo B.
Legumbres - Especialmente la soja, tienen un alto contenido en flavinoides, que les confieren un alto valor protector, así como ácido fítico, que interviene en la prevención de tumores intestinales. La soja contiene también fósforo, magnesio, calcio, hierro, cinc y potasio, y vitaminas E y del grupo B. Además, como fuente de lecitinas, está recomendada para prevenir enfermedades cardiovasculares.
Pescado azul - Anchoas, sardinas, atún, bonito, salmón, etc. Por su alto contenido en ácidos grasos insaturados como el oleico, el linoleico y el omega 3, disminuye el riesgo de enfermedades circulatorias y la aparición de tumores. Además, es una fuente de vitaminas A, E y D y del complejo B, y son alimentos ricos en yodo, fósforo, potasio, calcio, magnesio y cinc.
Aceite de oliva - A este aceite vegetal se le reconoce un efecto protector del sistema cardiovascular, pero, además, sus proporciones de ácidos grasos polinsaturados y vitamina E le confieren un efecto antioxidante, y tiene sustancias aromáticas que favorecen la digestión.
Té - Además de tener sustancias antioxidantes, tiene propiedades diuréticas, antinflamatorias y antibacterianas, y ejerce un papel protector en enfermedades cardiovasculares, al disminuir los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre.
Pese a ser una bebida excitante, lo es menos que el café, y además podemos reducir su contenido en teína (la sustancia excitante) echando sobre las hojas una pequeña cantidad de agua hirviendo (una cucharada de café por persona), que se tira antes de volver a verter el agua con la que haremos el té, la cual se dejará reposar un poco más de tres minutos antes de servir para que los taninos del té actúen sobre la teína que quede y neutralicen su efecto estimulante. Sin embargo, tampoco deberemos tomarlo en cantidades muy elevadas, ya que tiene propiedades astringentes y reduce la capacidad de absorción de los minerales.
Beber mucha agua
El agua es indispensable para la vida y esencial en nuestra alimentación, ya que participa en la digestión, la absorción, el metabolismo y la excreción. Sus funciones específicas son distribuir los alimentos y eliminar los desechos, facilitar el trabajo depurativo del riñón y regular la temperatura corporal y la hidratación de la piel.
La persona fumadora deberá tomar hasta 4 litros diarios de agua: para facilitar la eliminación de nicotina (que es soluble en agua) por la orina y porque favorece la hidratación general y confiere a la piel una mejor tonicidad, elasticidad y buen aspedo. Para que no sea tan pesado, deberá alternarse con infusiones, tisanas y zumos de frutas y verduras.
Si se toma lentamente y a sorbos pequeños, es un excelente modo de combatir los nervios y de reducir las ganas de fumar.
Pero no todo el aporte de agua proviene de las bebidas: alrededor de 1 litro se puede obtener con comidas como verduras, frutas, sopas, ensaladas...
Tomar mucha fibra
Pese a que los beneficiosos efectos de la fibra en el tránsito intestinal son muy populares, su papel preventivo es menos conocido. Sin embargo, desempeña una importante labor en la prevención del cáncer de colon, ya que limita el contacto entre algunos elementos tóxicos y la mucosa intestinal. Además, al aumentar la eliminación de sales biliares y colesterol, también tiene una acción beneficiosa y preventiva de las enfermedades circulatorias. Y, finalmente, al enlentecer la absorción de los azúcares, reduce las posibilidades de exceso de peso.
Es importante tener en cuenta que no existe un alimento que contenga todas las vitaminas y minerales en la cantidad correcta y adecuada, y, aún menos, que supla y aporte los extras necesarios para ayudar al organismo del fumador a defenderse del tabaco. El objetivo sólo lo conseguiremos con una alimentación equilibrada que los contemple a todos ellos.

Actitudes y aptitudes frente al tabaco

Galería de fumadores
La relación de cada fumador con el tabaco no sólo está determinada por el "placer" que el cigarrillo le ofrece y por su mayor o menor grado de dependencia física por la nicotina, sino también por multitud de ideas, costumbres y creencias que influyen en su actitud frente al cigarrillo y al hecho de fumar. Dependiendo del conocimiento que cada uno tenga de los efectos del tabaco, y de la reflexión personal que se haya hecho sobre estas consecuencias, la persona fumadora será más o menos rehacia a decidirse a abandonar el tabaco, y tendrá mayor facilidad o dificultad para tomar (y afrontar con garantía de éxito) la decisión de dejar de fumar.


Fumadores convencidos


De cada diez españoles, tres tienen desde su adolescencia al tabaco como inseparable compañero de viaje por la vida. Pero sólo uno de ellos (uno de cada tres fumadores) no quiere hacer un intento por dejarlo y, puestos a decir, encuentra muchos más pros que contras al tabaco, demostrando con sus argumentos la poca y confusa información que posee sobre las consecuencias que fumar tiene para la salud.


Debido a este desconocimiento de los efectos perjudiciales del tabaco (o a su poca valoración, sobre todo en el caso de los jóvenes) este grupo de personas normalmente son rehacias a abandonar el tabaco. Pero con el paso del tiempo y la evidencia de los perjuicios que les causa, acaban por madurar su relación con el tabaco y, por lo general, abandonan su "convencimiento".


Fumadores desencantados


Frente a esta franca minoría de fumadores convencidos, el resto de personas que fuman lo hacen con más o menos ansia, pero muy lejos del "agradable y gratificante" convencimiento que muestra el primer y pequeño (pero importante) grupo de fumadores.
Las estadísticas señalan que de cada dos fumadores, uno sabe que el consumo del tabaco perjudica su salud, y hace intentos para abandonado.
Pero cada nuevo fallo en estos intentos le supone más frustración, y algunos acaban entrando en una fase en la que "pensar en dejar de fumar" sustituye a "actuar para dejar de fumar", y postergan una y otra vez el momento de tomar la decisión y de actuar definitivamente.
Hay diez millones de españoles que aunque desearían dejar de fumar por motivos de salud no saben cómo afrontar el problema para lograrlo.


Fumadores decididos


Sin embargo, los intentos se repiten. De cada seis fumadores, uno ya no piensa vagamente en el próximo lunes o la siguiente fecha señalada del calendario, sino que está firmemente decidido a dejarlo en el próximo mes.
Posibilidades de éxito
Desgraciadamente, entre los fumadores convencidos y los desencantados hay muchos que, incluso padeciendo enfermedades ocasionadas directamente por el tabaco, no quieren o no se deciden a dejarlo. En los primeros, el entramado de falsas creencias y dependencias es tan grande que no les permite abordar objetivamente el tema. En los segundos, su poco convencimiento sobre sus propias posibilidades de éxito es tan profundo, que les impide afrontar la decisión que en realidad desean tomar.
Sin embargo, cualquiera que se encuentre entre el grupo de fumadores desencantados o el de fumadores decididos tendrá muchas posibilidades de lograr abandonar el tabaco de forma definitiva. Tan sólo será necesario que para afrontar la empresa se prepare concienzudamente, y sepa qué hacer para superar cada uno de los retos que se le presentarán.


Mientras tanto...


Pero ya sea porque no tenemos ninguna intención de dejarlo, o porque aún no nos creemos capaces de lograrlo o de intentarlo, mientras tanto no podemos estar de brazos cruzados frente al tabaco. Debemos cuidar nuestra frágil salud de fumadores un poco mejor. Sobre todo, aquellas personas cuyas condiciones particulares (fumar mucho, estar enfermas, verse sometidas a otro tipo de tóxicos, etc.) puedan incrementar aún más los peligros del tabaco.
Palabras mayores
En los últimos tiempos la tergiversación de términos de justicia social como "la libertad" y "los derechos de la persona" ha despertado una nueva controversia social sobre el tabaco.
Interesadamente o por desconocimiento, esta corriente de opinión niega sistemáticamente los conocidos y contrastados estudios científicos sobre los efectos que el tabaco origina en la salud de las personas y de la sociedad, poniendo en cuestión las pocas leyes que se han aplicado para su prevención, y hablando de "prohibición" de sus derechos y no de "defensa" del derecho a la salud de las personas no fumadoras, de "limitación de sus libertades", y no de "protección" de la libertad a disfrutar de un ambiente limpio de los que no quieren que el tabaco ponga en peligro su vida, y de "atentado contra los derechos democráticos", cuando, sólo utilizando el criterio de los números, hay casi siete no fumadores frente a tres fumadores, y de estos últimos, la inmensa mayoría acepta de buen grado estas medidas.

Actividad física y tabaco


Estar en forma para contrarrestar los efectos del tabaco
El beneficio que proporciona cualquier actividad física es mucho mayor que el esfuerzo que implica: incrementa la capacidad cardíaca y pulmonar, fortalece los músculos, mejora la figura y proporciona una sensación de bienestar. Además, nos hace sentir más relajados, permite dormir mejor y nos da seguridad personal, ayudándonos a enfrentar las situaciones estresantes de cada día con mucha mayor facilidad. En definitiva, un recurso natural que nos ayudará a prescindir de muchos cigarrillos y que nos protegerá de su malestar y de sus riesgos.
¿Qué significa "estar en forma"?
Es, simplificadamente, tener la capacidad de realizar los trabajos físicos diarios con la suficiente energía para, en caso de un imprevisto, poder hacer un esfuerzo adicional sin necesitar luego recomponernos. Es decir, ser capaces de llevar nuestros asuntos cotidianos sin terminar "ahogados" cuando subamos dos o tres plantas por las escaleras.
Todos tendríamos que ser capaces de acelerar nuestro paso sin perder el aliento si vemos que el tren o el autobús se nos adelantan al llegar a la parada.
Una civilización anquilosada
Muchos creemos estar en forma cuando en realidad no lo estamos. Nuestra civilización, eminentemente sedentaria, ha adoptado un sistema de vida en el que se limita la actividad física y en el que cada vez se come peor, lo que origina multitud de trastornos: las "enfermedades de la civilización" (dolores articulares, de espalda, obesidad, estrés, etc.), muchas de ellas dolencias que aún se agravan más con el consumo de tabaco.

La necesidad terapéutica del ejercicio físico


Para que nuestro corazón, pulmones, circulación, músculos, huesos, articulaciones, e, incluso, nuestra mente gocen de un buen estado y funcionen correctamente necesitamos realizar alguna actividad física frecuentemente, que nos reportará ventajas a corto y largo plazo, ya que mejorará nuestra condición física y evitará muchas enfermedades. Y en nuestra sociedad, la única forma de mantenernos en forma es practicando ejercicio regularmente, por lo menos dos o tres veces por semana.
El ejercicio físico realizado con moderación; adaptado a las características individuales de cada persona y, en ocasiones, con un adecuado control médico, tiene todas estas acciones beneficiosas:

  •     Ayuda a dormir y mejora los estados de ansiedad y la depresión. El ejercicio favorece el sueño profundo (siempre que se espere una hora desde que se termina hasta que nos vamos adormir) y aumenta la autoestima, lo que nos hace sentir mejor y contribuye a que estemos más relajados.
  •     Reduce el peligro de enfermedades cardíacas. Al contribuir a mantener los niveles de colesterol y la tensión arterial, el ejercicio físico ayuda a prevenir las enfermedades cardíacas.
  •     Fortalece los huesos. Un ejercicio moderado y regular potencia el metabolismo del calcio y otros minerales, con lo que se reduce el riesgo de padecer enfermedades como la osteoporosis.
  •     Combate los dolores menstruales. Hacer ejercicio ayuda a aliviar y disminuir los síntomas premenstruales y los dolores durante la menstruación.
  •     Alivia los dolores de espalda. La actividad física que ejercita los músculos abdominales y de la espalda mejora la postura y previene los dolores de espalda.


    Todos podemos

La lista de excusas puede resultar interminable: desde la ilusoria idea de muchos, que creen estar en forma cuando en realidad no lo están, hasta la falta de tiempo, el trabajo excesivo, el cansancio al final de la jornada (que irónicamente suele ser debido a la falta de ejercicio físico), o el creer que no disponemos de una buena condición física para hacer algún tipo de actividad que vaya más allá de nuestros limitados movimientos diarios.


Sin embargo, la amplia gama de posibilidades es tan larga como la lista de las excusas. No estamos hablando de prepararse para competir en las próximas olimpiadas o para batir algún récord. Ni de arrancarse con carreras extenuantes o con sesiones de aerobic o fútbol-sala que nos dejen destrozados y doloridos. Simplemente basta con hacer algo contra la oxidación de nuestra capacidad de movimiento y de esfuerzo: mantenernos activos, especialmente si nuestro trabajo o nuestra actividad diaria no nos exigen ningún esfuerzo físico.


Sobre todo si durante el día tenemos una actividad sedentaria, deberemos realizar algún deporte o ejercicio físico en el tiempo libre, con el fin de mantenernos activos.
La gama de posibilidades para mantenernos activos es muy amplia: desde andar un mínimo de media hora diaria, hasta dedicarle 3 o 4 horas semanales a la práctica de nuestro deporte preferido.


Caminar cada día durante unos veinte minutos y subir alguna cuesta o escalera es uno de los ejercicios físicos más sencillos y efectivos y además tiene el atractivo añadido de que es fácilmente adaptable a nuestra vida diaria.


Para ello podemos optar por soluciones que no exigen demasiados preparativos, o por la práctica segura de aquellos deportes que más nos atraigan.


Caminar. Las caminatas regulares favorecen paulatina, pero constantemente, el ritmo cardíaco, la resistencia y el estado físico general. Al mismo tiempo, mejoran el tipo y ayudan a adelgazar. Esta actividad física tan simple es particularmente conveniente para los fumadores, ya que está comprobado que mientras caminamos desaparecen naturalmente las ganas de fumar. Podemos experimentarlo, simplemente, caminando.


Correr. Con el sudor se eliminan gran cantidad de toxinas y residuos. Además, se mejora la circulación general y, a largo plazo, también el funcionamiento del metabolismo, lo que fortalece el organismo y ayuda a prevenir muchas enfermedades. Sin embargo, antes de empezar conviene tener una condición física adecuada, que puede desarrollarse fácilmente con un entrenamiento ligero consistente en caminar a paso acelerado durante unos 3 kilómetros.


Nadar. La natación es relajante y moviliza toda la columna. Incide sobre el aparato circulatorio, masajeándolo y renovando la sangre estancada. Además, regula la tensión arterial, aumenta la capacidad pulmonar y la oxigenación general, así como el sistema endocrino y el metabolismo, con el consiguiente fortalecimiento muscular y una mayor resistencia y vitalidad frente a las enfermedades.


Bicicleta. Desde el sillín desplazaremos todo el peso del cuerpo, lo que resulta ideal para las personas que desde hace mucho tiempo no practican ningún deporte y para las que tengan exceso de peso o problemas articulares. Al aire libre o en casa (con una bicicleta estática) es un ejercicio ideal para fortalecer nuestro cuerpo y prevenir las enfermedades coronarias, ya que nos permite ejercitar nuestra resistencia y activar nuestra circulación sin ningún tipo de perjuicio.


Gimnasia. En casa, siguiendo sencillas tablas de ejercicios, o en un gimnasio (para los que gusten de la compañía y prefieran que los dirija un monitor) esta forma de ejercitar el cuerpo es muy completa y además puede adaptarse a las necesidades y características de cada uno. Su práctica habitual aumentará nuestra fuerza, nuestra movilidad y nuestra resistencia, y será excelente para adquirir una buena forma física.


Yoga y relajación


Las posturas que enseña el yoga para preparar al cuerpo para la relajación puede realizarlas absolutamente todo el mundo, por más impedimentos físicos o enfermedades que padezca. Pese a que estamos acostumbrados a ver imágenes de yoguis en complicadas posturas, hay infinidad de variantes de las mismas que, sin ningún esfuerzo y sólo con llevarlas hasta donde nos sea posible, nos permitirán mejorar nuestra circulación general, nos tonificarán todos los músculos y actuarán de forma muy beneficiosa sobre nuestros órganos internos.
Entre las múltiples ventajas de su práctica cabe destacar que desarrollan el tono muscular y la flexibilidad general, favorecen el tránsito intestinal, fortalecen la columna y proporcionan elasticidad a los vasos sanguíneos, y como práctica de relajación equilibra nuestro sistema nervioso, elimina la ansiedad e induce al sosiego y la tranquilidad.


El ejercicio más conveniente


Además de las formas de actividad física expuestas, la práctica de cualquier otro deporte será altamente beneficiosa para nuestra salud.
Sin embargo, no podemos hablar estrictamente de un ejercicio más o menos conveniente. Su elección dependerá de cosas tan diversas como el propio estado físico, la disponibilidad de tiempo o lo accesible que nos resulte su práctica (por tener que desplazarnos para ello).
Pero además de todas estas actividades, no debemos olvidar que (al igual que ocurre con caminar) hay muchas formas de ponernos en marcha que están a nuestro alcance con las actividades cotidianas. Desde bajar y subir las escaleras de casa o el trabajo, a barrer, fregar y quitar el polvo, limpiar los cristales, hacer las camas, ir a hacer la compra, pasear al perro, cocinar, etcétera.


Consejos y advertencias para la práctica de ejercicio físico


Es aconsejable que nos sometamos a un chequeo y nos dejemos aconsejar por el médico sobre el ejercicio más conveniente si se dan en nosotros alguna (o varias) de las siguientes circunstancias: somos mayores de 35 años, hace tiempo que no practicamos ningún deporte, tenemos sobrepeso, padecemos algún tipo de trastorno o enfermedad, crónica o pasajera.
En cualquier actividad física es necesario empezar desde nuestro estado físico inicial, y no desde el que deseamos alcanzar. Es decir, el esfuerzo debe ser muy pequeño al principio, e ir incrementándolo a medida que adquirimos una mejor forma física. De este modo evitaremos los riesgos de sobrecargas y también los "abandonos".
No debemos fumar como mínimo dos horas antes y después de hacer ejercicio y, por supuesto, cuando lo estemos practicando.
Nos aseguraremos de que nos equipamos convenientemente para que durante el ejercicio las ropas no nos molesten y no cojamos frío o nos sofoquemos por la falta o un exceso de abrigo. Igualmente, deberemos escoger meticulosamente el calzado más apropiado.
Si elegimos un tipo de ejercicio físico para el que sea necesario utilizar máquinas o utensilios concretos (bicicleta, remo, pesas, etc.) debemos asesorarnos sobre su correcta forma de uso.
Debemos recordar que la práctica de ejercicio físico regular exige un mayor aporte energético y de algunos nutrientes (sobre todo vitaminas y minerales, que se pierden con el sudor), por lo que deberemos tenerlo en cuenta en nuestra alimentación.

Dudas y respuestas


Si ves todas las advertencias relacionadas con la peligrosidad del tabaco con escepticismo, seguramente te habrás planteado alguna de las siguientes cuestiones. Es normal que lo hayas hecho, pero debes saber que las respuestas que te voy a dar no son opiniones. Por tu bienestar y el de los tuyos, te irá bien considerar estos hechos.

De algo hay que morir


Totalmente cierto. Lo definió muy bien el Dr. John McCormick de la Universidad de Dublín: "La vida es una enfermedad de transmisión sexual, que empieza con un sollozo y cuya mortalidad es del 100%". Sin embargo, nuestro estilo de vida es clave para que podamos vivir más años y sobre todo, para que los podamos vivir mejor. Dejar de fumar es uno de los elementos básicos para mejorar nuestro estilo de vida y vivir más satisfactoriamente.

Es mucho peor la contaminación ambiental


La contaminación ambiental constituye uno de los grandes retos que tanto los gobiernos como los ciudadanos de todos los países industrializados debemos conocer y paliar para dejar un mundo más habitable a las siguientes generaciones. Sin embargo, si fumas debes saber que, al inhalar humo de tabaco, introduces en tus pulmones unas concentraciones tóxicas 400 veces superiores a las máximas permitidas por la legislación en las plantas industriales que soportan mayores concentraciones de contaminación ambiental.


La concentración de monóxido de carbono en el aire que espira una persona que fuma es entre 30 y 50 veces superior a la de una persona que no fuma y vive en una ciudad sometida a altos niveles de contaminación atmosférica.

Si el tabaco es tan perjudicial, ¿por qué no se prohibe?


Seguramente sabes lo que sucedió en EE.UU. cuando se implantó la Ley Seca que prohibía la venta y consumo de bebidas alcohólicas: se disparó el mercado negro hasta tal punto que el gobierno de aquel país tuvo que derogar la Ley.


Cuando un producto adictivo lleva siglos integrado legalmente en una cultura, su prohibición crea muchos más problemas de los que intenta solucionar. En el caso del tabaco, la solución a la dimensión epidémica del problema que tenemos actualmente pasa por ilegalizar su publicidad y promoción, incrementar su precio, normalizar ampliamente los espacios públicos cerrados libres de humo, ofrecer programas educativos eficaces a las nuevas generaciones y apoyar a las personas que quieren dejar de fumar.

Si fumar hace tanto daño ¿de qué me servirá dejarlo tras 20 años de consumo?


Independientemente del deterioro que haya podido causarte el tabaco, debes saber que desde el mismo momento en que dejas de fumar comienza a disminuir tu riesgo de padecer todas las enfermedades derivadas del consumo de tabaco. Además, al cabo de 5-10 años, este riesgo es casi el mismo que el de una persona que nunca ha fumado. Cuanto antes lo dejes, más años disfrutarás de tu vida y mejor será la calidad de los años que vivas.

¿No es mejor continuar fumando y morir antes pero con tranquilidad?


Los efectos nocivos del tabaco producen enfermedades de larga evolución, que además son responsables de que se produzca un importante deterioro de la calidad de vida durante años. Por tanto, la cuestión es que vale la pena dejar de fumar, no sólo para vivir más años, sino para vivirlos mucho mejor. Tu vida te pertenece, pero también pertenece, en cierta medida, a las personas que te quieren. Si no lo haces por tí, hazlo por tus seres queridos.



¿Tú decides , el tabaco o tú vida ?