El duelo es la reacción normal después de la muerte de un ser querido.
Supone un proceso más o menos largo y doloroso de adaptación a la nueva situación.
Elaborar el duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta.
La intensidad y duración del duelo depende de muchos factores: tipo de muerte (esperada o repentina, apacible o violenta..), de la intensidad de la unión con el fallecido, de las características de la relación con la persona perdida (dependencia, conflictos, ambivalencia...), de la edad...
La duración del duelo por la muerte de una persona muy querida puede durar entre 1 y 3 años.
Duelo resuelto. Podemos decir que hemos completado un duelo cuando somos capaces de recordar al fallecido sin sentir dolor, cuando hemos aprendido a vivir sin él o ella, cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en la vida y en los vivos.
REACCIONES HABITUALES
después de la muerte de un ser querido
Estas son algunas de las reacciones más comunes que suelen aparecer después de una pérdida. No te sientas obligado a tener todas las sensaciones y experiencias aquí descritas. Cada duelo, como cada persona, es único.
Negación / incredulidad
¡No puede ser verdad! ¡No es más que una horrible pesadilla!
Piensas y actúas como si tu ser querido continuara vivo. Suena el teléfono y, por un instante, piensas que es él. No has perdido la esperanza de que vuelva. Necesitas tiempo.
Insensibilidad
Es como si le estuviese pasando a otro.
Nada parece real, te sientes embotada, como un autómata, incapaz de reaccionar... Este aturdimiento te ayuda a ir asimilando la dura realidad.
Enojo /rabia /resentimiento
¿Por qué has permitido esto Dios mío? ¡Esos malditos médicos la dejaron morir! ¿Cómo me dejas ahora con todo lo que te necesito? ¡Todos siguen viviendo como si nada hubiera pasado!
Estás rabioso contra todos y contra todo. El resentimiento forma parte de tu dolor y es algo normal. No luches contra él. A medida que tu dolor se vaya calmando ira disminuyendo.
Tristeza
Siento una pena muy grande y todo me hace llorar. La tristeza es el sentimiento más común. Puede tener muchas expresiones: llanto, pena, melancolía, nostalgia... Date permiso para estar triste, para llorar.
No te preocupes si lloras mucho o poco; el llanto no es la medida de tu amor, sino parte de tu propia expresividad.
Miedo / angustia
Estoy asustado/a ¿qué va a ser de mí?
Te sientes inquieto/a, confuso/a, desamparado/a, desesperado/a. Tienes miedo de volverte loco/a. Estos sentimientos tan intensos y tan desagradables son algo natural.
Culpa / autorreproches
Si al menos hubiera sido más cariñoso/a
llamado antes al médico
tenido más paciencia
le hubiera dicho más a menudo lo que le quiero
La lista puede ser interminable. El pasado no puede cambiarse y ya tienes bastante sufrimiento como para castigarte de esta manera. No olvides de hacer también una lista con todo lo que hiciste por tu ser querido.
Soledad
Me siento tan sola ahora. Es como si el mundo se hubiera acabado.
Son tantas cosas vividas y compartidas juntos que vas a necesitar tiempo para aprender y acostumbrarte a estar sin él o ella.
Alivio
Gracias a Dios que todo ha terminado.
El final de una larga y dolorosa enfermedad o relación se pueden vivir con una sensación de alivio y descanso.
Sensación de ver y/u oir a la persona fallecida.
Me parece que me sigue llamando por la noche. El otro día me pareció verlo entre la gente.
Son sensaciones pasajeras absolutamente normales después del fallecimiento de una persona querida.
Ambivalencia / cambios de humor
Hace un momento me sentía agradecido a mis amigos por su ayuda y ahora los mandaría a todos a la mierda.
Puedes estar tranquilo/a en un momento dado y alborotado/a en el instante siguiente. Los sentimientos pueden ser cambiantes y contradictorios. Acéptate así, imprevisible.
IMPORTANTE: NO DUDES EN CONSULTAR CON UN PROFESIONAL SI SIENTES QUE LA SITUACIÓN QUE VIVES TE SUPERA O QUE, PASADO EL TIEMPO ,NO ENCUENTRAS ALIVIO A TU DOLOR.
Estas son algunas de las sensaciones corporales que puedes sentir. Es el llamado duelo del cuerpo.
NAUSEAS
PALPITACIONES
OPRESIÓN EN LA GARGANTA, EL PECHO
NUDO EL ESTÓMAGO
DOLOR DE CABEZA
PÉRDIDA DE APETITO
INSOMNIO
FATIGA
SENSACIÓN DE FALTA DE AIRE
PUNZADAS EN EL PECHO
PÉRDIDA DE FUERZA
DOLOR DE ESPALDA
TEMBLORES
HIPERSENSIBILIDAD AL RUIDO
DIFICULTAD PARA TRAGAR
OLEADAS DE CALOR
VISIÓN BORROSA
DIFICULTAD PARA TRAGAR
Dicen que el tiempo lo cura todo. Pero el tiempo, por si solo, no hace nada. Lo que ayuda realmente es lo que tú haces con el tiempo.
¿Estás utilizando el tiempo para ACEPTAR LA PÉRDIDA, para reconocer que tu ser querido ha muerto y no lo vas a recuperar?
¿Estas utilizando el tiempo para expresar las emociones y SENTIR EL DOLOR que supone para ti esa pérdida?
¿Estás utilizando el tiempo para APRENDER A VIVIR sin esa persona querida?
¿Estas utilizando el tiempo para, llegado el momento, ir recuperando tu INTERES POR LA VIDA ?
Si quieres vivir de una manera sana tu duelo, si no quieres arrastrar indefinidamente el dolor, no basta pues con esperar a que todo se pase, o seguir viviendo como si nada hubiera pasado. Necesitas dar algunos difíciles pasos y aprender las duras lecciones de la pérdida. No existen atajos para el dolor.
Acepta también que tendrás que vivir momentos duros y emociones intensas, que estarás más vulnerable...No te exijas pues tampoco demasiado, sé amable contigo mismo y respeta tu propio ritmo.
Los cuatro pasos...
Aceptar la pérdida
Aunque sea la cosa más difícil que has hecho en toda tu vida, debes llegar a aceptar esta dura realidad: tu ser querido ha muerto y no va a regresar. Aceptar con la cabeza es fácil, sabes que ha muerto. Lo difícil es aceptar con el corazón. Es pues muy normal un tiempo (pueden ser meses) en el que te niegues o te rebeles contra la dura realidad. Date tiempo.
Hablar de tu pérdida, contar las circunstancias de la muerte, visitar el cementerio o el lugar donde se esparcieron los restos...Todo esto te puede ayudar poco a poco, y con mucho dolor, a ir aceptando el hecho de la muerte. Sabrás que has podido dar este paso, cuando pierdas toda esperanza de recuperar a tu familiar o amigo, será el momento de la verdadera despedida.
Aceptar la pérdida puede resultar especialmente difícil si la muerte fue inesperada o violenta, si estabas lejos cuando ocurrió y no pudiste participar en los ritos funerarios, si no se recuperó el cadáver, si se trata de la muerte de un niño...
Sentir el dolor
Necesitas también sentir el dolor y todas las emociones que le acompañan: tristeza, rabia, miedo, impotencia, desesperación, culpa...
Habrá personas que te dirán: "Tienes que ser fuerte". No les hagas caso. No escondas tu dolor. Comparte lo que te está pasando con tu familia, amigos de confianza...No te guardes todo para ti mismo por miedo a cansar o molestar. Busca aquellas personas con las cuales puedes expresarte tal y como estás.
Si no quieres compartir o mostrar tus emociones a otros, no tienes porque hacerlo, pero debes buscar otras manera de dar salida y vivir tus emociones en privado.
Aprender a vivir sin esa persona
Recuerda que hay tiempo para todo, para sentir y vivir el duelo, pero también para hacer, para ocuparte de las muchas actividades de la vida cotidiana. Aunque sientas que el mundo se ha parado para ti, también es cierto que la vida sigue con sus muchas y quizás nuevas exigencias. Una actitud adecuada sería aquella que busca un cierto equilibrio entre el sentir y el hacer.
Así, hacer el duelo significa también aprender a vivir sólo/a, aprender a tomar decisiones por ti mismo/a, aprender a desempeñar tareas que antes hacía el fallecido, aprender nuevas formas de relación con la familia y amigos, aprender un nuevo sentido del mundo y de uno mismo...
Recuperar el interés por la vida y por los vivos
Llega un momento en que sabes que es necesario soltar el dolor y el pasado. La vida te espera llena de nuevas posibilidades.
No hay nada malo en querer disfrutar, en querer ser feliz, en querer establecer nuevas relaciones... En el caso de la muerte de la pareja, no hay motivo para avergonzarse si aparece de nuevo el deseo sexual. En realidad, el corazón herido cicatriza abriéndose a los demás.
Esto es lo que escribía una adolescente a su madre 2 años después de perder a su padre: "Existen otras personas a las que amar, y eso, no significa que quiero menos a papá".
Finalizar el duelo no es olvidar... Para cada persona puede significar cosas distintas:
Puede significar llegar a perdonarle y perdonarte por todo lo que quizás no fue la relación, por todo lo negativo, por el daño causado...
Pensar en él o ella sin sentir ya ese latigazo de dolor y recordarle con ternura y agradecimiento por lo vivido juntos.
Es poder dar un sentido a todo lo que has vivido en estos meses o años.
Es entender con el corazón en la mano que el AMOR no se acaba con la muerte
En cierto modo, nunca te recuperas de una pérdida significativa, porque ésta inevitablemente te cambia. Tu puedes escoger si ese cambio será a mejor.
La muerte de un hijo o una hija es una de las experiencias más duras, difíciles y dolorosas que puede sufrir un ser humano.
Los padres se sienten responsables de la protección de sus hijos y, su pérdida, suele ser vivida como un fracaso y con una gran culpabilidad.
Es frecuente que la muerte de un hijo produzca tensiones y conflictos en la vida de pareja:
Dificultades para aceptar que la pareja viva la pérdida a su manera. Un miembro de la pareja puede sentir, por ejemplo, que al otro no le importa la muerte lo suficiente (quizás porque no llora o porque no quiere hablar del fallecido). A veces, la necesidad de parecer fuerte, puede interpretarse por el otro como falta de interés.
Culpar a la pareja. Es frecuente que uno de los miembros de la pareja piense que el otro es de alguna manera responsable de la muerte. Esto se puede traducir en reproches continuos o en sentimientos de impaciencia e irritabilidad hacia el otro.
Falta de sincronicidad. Puede ocurrir que la pareja no viva al mismo tiempo los momentos de mayor dolor o las recaídas. Esto puede crear la sensación de que uno siempre está inmerso en el dolor, y puede contribuir a que se eviten el uno al otro en los momentos difíciles, para no recaer en el sufrimiento.
Las relaciones sexuales. En las relaciones sexuales, puede ocurrir que las necesidades de uno incluso aumenten, mientras que las del otro disminuyan o desaparezcan. Esto puede ser fuente importante de conflictos. El hombre, en general, tiene una sexualidad más genital, y es capaz de separar el deseo sexual de su situación emotiva. La mujer puede sentirse incapaz de desear si está triste o enfadada.
Es perfectamente natural querer disfrutar de vez en cuando del sexo y otros placeres, los momentos de dolor ya vendrán por si sólos.
Algunas sugerencias: Convéncete que te resultará muy difícil sobrellevar esta situación solo. No pretendas tampoco que tu pareja se convierta en tu principal soporte afectivo, bastante tendrá muchas veces con lo suyo... Busca pues una, dos o más personas de confianza con quien compartir tu dolor. Procura mantenerte lo más unido posible a tu pareja, apoyaros mutuamente, respetar el ritmo y la manera de llevar el duelo del otro. Puede ser que estés pasando, por ejemplo, por una etapa en la que prefieres estar solo o con los mas cercanos, y que evites a la gente para no tener que hablar de tu hijo, y en cambio, a tu pareja, le esté ayudando exactamente todo lo contrario. ¿Cómo conciliar las necesidades de ambos si la pareja está acostumbrada a hacerlo todo juntos, por ejemplo? Es necesario paciencia, comprensión y creatividad para introducir cambios en nuestra forma de vivir que nos permita seguir adelante sin añadir más dolor al dolor.
Los otros hermanos. La pareja puede estar tan afectada por su propio dolor, que descuide a los otros hermanos. Ellos también sufren intensamente la pérdida, se sienten culpables y pueden tener necesidad de desahogarse. Hablar del fallecido y compartir, cada uno a su estilo, el dolor por la pérdida, puede ser la mejor manera de ayudarse unos a otros y afrontar sanamente la experiencia de duelo.
Como ya se ha dicho,aún cuando hayan elementos comunes, la pérdida de un ser querido es vivida de manera única e individual por cada uno de los dolientes .Cuatro grupos de factores afectan de manera importante al duelo: Los factores psicológicos, los recursos personales, las circunstancias específicas de la muerte, los apoyos externos.
1.-Los factores psicológicos.
La pérdida y el sentido de la pérdida es único.Una misma pérdida tiene un significado diferente para diferentes personas, porque cada uno la percibe de manera distinta, dependiendo del:
Sentido, calidad e inversión emocional de esa relación para el doliente.
Dependencia o independencia que ha generado,
Cantidad y calidad de los «asuntos» sin resolver entre el doliente y el fallecido, características del fallecido, (edad, sexo, personalidad),
Percepción del doliente sobre la «realización, satisfacción y cumplimiento « que la vida ha deparado al fallecido.
Rol y funciones del fallecido para el doliente, su familia y el sistema social en que se movía, que van a dar lugar a determinado número de pérdidas secundarias.
Si las relaciones con el ser querido han sido conflictivas, el dolor no solo es por la pérdida;el doliente también se culpa de no haber tenido mejores relaciones con el fallecido; no le queda ni la esperanza de poder mejorarlas algún día.
En este caso, la muerte del ser querido resucita viejos conflictos, no resueltos con anterioridad: miedos, ansiedades, sentimientos de abandono infantiles; y conflictos de ambivalencia, dependencia, seguridad en las relaciones padres-hijo. El doliente tiene que enfrentarse a la pérdida actual y a viejas pérdidas.
Existe más riesgo de encronización del duelo, cuando la relación previa entre el fallecido y el doliente (padreshijo,relación de pareja) no era ya sana. Puede producir el « síndrome de duelo ambivalente», en el que se mezcla la sensación de alivio con los sentimientos de culpa (12).
El impacto que una pérdida produce en una persona no se puede «normalizar», de manera que se pueda asumir «a priori» qué pérdida va a afectarle más. Pero la pena es mayor cuando muere un hijo pequeño o adolescente, y el esposo/la esposa.
2.-Los recursos personales
La respuesta a la pérdida y la manera de afrontar el traba o del duelo es análoga a otras respuestas vitales de la persona.
Dependen de:
Sus comportamientos adaptativos, personalidad , carácter y salud mental.
El grado de confianza en sí mismo,
El nivel de madurez e inteligencia, relacionados de manera positiva con una buena resolución del duelo, al dar más posibilidades de entender el sentido e ¡aplicaciones de esa muerte.
El haber o no sufrido otros duelos, que pueden afectarle de manera positiva - sabe que «sobrevive» a la pérdida - o negativa.
La posibilidad de expresar el duelo.
La concurrencia de otras crisis personales, que complican el duelo. Cada una de ellas demanda energía y atención, en momentos en que se está «vacío».
La comprensión, implicaciones, manera de afrontar y expresar la pérdida, están influídos siempre por el propio sentido de la existencia y la fundamentación religiosolfilosófica, cultural y social del doliente.
3. Circunstancias específicas de la muerte.
El modo y momento de morir influye en los supervivientes. No es lo mismo:
La muerte de un anciano que la de un niño. Los padres experimentan ésta como antinatural e injusta.
La muerte por una enfermedad terminal, que la súbita e imprevista.
La muerte por suicidio o actos violentos.
La primera, da a los allegados la oportunidad de prepararse al desenlace. Un accidente de tráfico o laboral, un infarto, origina muertes muy difíciles de aceptar. Todavía más dramática resulta la muerte por suicidio, que deja sentimientos de culpa profundos o la que resulta de actos violentos (asesinatos, violaciones). Los dolientes pueden obsesionarse con el pensamiento de cómo habrá vivido su ser querido aquellos últimos momentos.
4. Los apoyos externos
Los dolientes viven su duelo en una determinada realidad social, que influye en el proceso de recuperación.
La familia es el contexto fundamental y puede ayudar o entorpecer la elaboración de un duelo, permitiendo,por ej., exteriorizar la pena o por el contrario, premiando «la fortaleza» y «entereza» del que «se controla». Toda « cultura familiar» implica comportamientos, tradiciones, valores sociales y expectativas.
Los amigos, los profesionales, los «grupos de pertenencia», la Iglesia, los «grupos de ayuda mutua» -formados por personas que han sufrido experiencias similares- pueden ser otras tantas posibilidades de apoyo y consuelo.
Las reacciones atípicas del duelo
La intensidad y duración de las reacciones en el tiempo es quizá lo que distingue un duelo normal de otro anormal. (Pancrazzi,14)
En el duelo anormal el proceso queda bloqueado y el dolor no se elabora. Las actitudes de rechazo y no aceptación del hecho y los sentimientos de rabia, culpa y tristeza no resueltos, pueden originar este bloqueamiento. (Parkes, 16).
Los mecanismos de defensa que permiten a las personas gestionar la angustia, afrontar situaciones difíciles o controlar reacciones emotivas, no tienen en estos casos una función saludable. Bloquean, retrasan o distorsionan un proceso de crecimiento y maduración. Son mecanismos de rechazo, fijación, represión, racionalización, aislamiento, regresión, somatización o identificación (con el difunto).
Anticipatorio, en caso de muertes anunciadas
Retardado, en aquellas personas que «se controlan», «no tienen tiempo de ocuparse de sí mismas» o escapan al dolor y a la realidad de la muerte del ser querido mediante una «hiperactividad». Durante meses o incluso años, cualquier recuerdo o imagen, desencadena el duelo no resuelto.
Crónico, que arrastra el doliente durante años, absorbido por los recuerdos, incapaz de reincorporarse a la vida normal.
Patológico, caracterizado por un agotamiento nervioso, síntomas hipocondriacos, identificación con el fallecido o dependencia de los fármacos o el alcohol. Requiere ayuda profesional.
Los objetivos del duelo.
Wordon (20) establece cuatro:
Aceptar la realidad de la pérdida, que es el paso más difícil.
Dar expresión a los sentimientos, identificarlos y comprenderlos, para así aceptarlos y encontrar cauces apropiados de canalización e integración.
Adaptarse a la nueva existencia sin el ser querido.
Invertir la energía emotiva en nuevas relaciones.
La resolución del duelo
En general, puede decirse que el duelo ha sido resuelto cuando el doliente ha cumplido los citados objetivos.
La duración del duelo es siempre variable y dependiente de factores particulares que influyen en la respuesta individual a la pérdida.
Los síntomas más intensos del duelo agudo pueden durar entre 6 y 12 meses, pero se conocen procesos que necesitan 3 años y más. Hay aspectos de la pérdida que acompañan al doliente para siempre o del duelo mediato, que se prolongan durante años y a veces hasta su muerte.
El tiempo es terapéutico porque da una perspectiva, ayuda a resituar los hechos, adaptarse al cambio y procesar sentimientos. Sin embargo, que «el tiempo todo lo cura», «sólo se necesita tiempo», «con el tiempo el dolor es menor», sólo es cierto si se toma el duelo como un traba o, se afronta la pérdida sin negarla inhibirla o posponerla y se atraviesa el dolor, sin evitarlo o circunvalarlo.(17)
Pangrazzi(14) cita dos signos concretos de recuperación:
Que el doliente pueda hablar y recordar al ser uerido con naturalidad tran uilidad,sin llorar.
Que haya establecido nuevas relaciones significativas y aceptado los retos de la vida.
El profesional sanitario debe comportarse con los familiares del fallecido con tacto, respeto y empatía.
El lenguaje a utilizar debe ser claro, directo y sencillo.
Objetivos de la ayuda al doliente. (12)
Proporcionar apoyo emocional.
Aliviar el sufrimientoen la primera fase del duelo.
Facilitar el duelo, al ayudar a expresar sentimientos y aceptar de manera progresiva la realidad.
Detectar riesgos incipientes y corregirlos en una fase precoz.
Tratar posibles problemas superpuestos (lipotin-úas, hipoglucemia en diabéticos, crisis psicóticas).
En el caso de un donante potencial de órganos, el Coordinador de trasplantes puede ofrecer una al temativa a la familia: la donación
Evaluación del duelo inmediato.
Los dos aspectos a considerar son: el sufrimiento del doliente y los riesgos aparejados.(12)
Es difícil distinguir entre el dolor y la aflicción «normales» y «anormales», hasta que transcurran unos cuantos rneses o más, desde la muerte del ser querido. (5)
Pero siempre el sufrimiento del doliente es mayor si se trata de: muertes inesperadas, «inoportunas» por la edad o las circunstancias, un hijo de corta edad o incluso adolescente, el cónyuge.(2)
Los riesgos que puede conllevar un duelo:
Son factores de riesgo el tipo de muerte, las características de la relación dolientelfallecido ya mencionadas, las características del superviviente y las circunstancias sociales.
Las ideas de suicidio son frecuentes en el caso de la muerte de un niño pequeño de manera súbita e inesperada, en viudos, ancianos y hombres que pierden a su madre.(5)
Los supervivientes más vulnerables pueden ser: las amas de casa que no trabajan fuera del hogar, las personas con niños pequeños en casa, los cuales sufrenm asimismo un riesgo; aquellos que expresan intensos sentimientos de autorreproche.(5)
Las circunstancias sociales adversas se dan en personas de baja condición socioeconómica, aquellas que tienen apoyo social inadecuado, las que viven solas; las que han tenido trastornos psiquiátricos previos; también en las que abusan del alcohol u otras drogas.(5)
Crisis agudas de desorganización conductual, en las que es mejor no intervenir si lo solucionan familiares o amigos. En otros casos, el profesional debe mantener una actitud tolerante, empática, sin crfticas ni juicios de valor y tratando siempre de calmar la angustia del doliente.
La posible demora potencial del duelo y su encronización.
Estos riesgos deben valorarse cuidadosamente y si se duda, avisar al psiquíatra(12).
Ayuda en el duelo inmediato (1)
La ayuda al doliente al resto de la familia, ede restarse mediante intervenciones en distintos momentos:
Cuando el paciente está muy grave.
Cuando fallece.
En las primeras horas del duelo.
Cuando el paciente está muy grave:
Procurar a los dolientes una sala donde encuentre una cierta intimidad.
Avisar a otros familiares y amigos, que forman grupos de autoayuda.
Informar de manera precisa, sencilla y clara.Inicialmente el médico, luego, haciéndoles visitas frecuentes una persona del equipo.
Prestar apoyo empático, que pen-nitirá que expresen su ansiedad y otros sentimientos.
Asegurarles que se está haciendo todo lo humanamente posible, empleando todos los recursos y cuidados intensivos, para ayudar al paciente.
Preguntar si desean algún servicio religioso.
Cuando el ser querido fallece:
Procurarles un ambiente acogedor y ofrecerles bebidas calientes -que alivian tensiones-.
El médico comunicará la muerte y les explicará como ha ido el proceso. Se quedará unos minutos más para preguntarles cómo se sienten; puede utilizar algún contacto físico respetuoso y ofrecerse para hablar con ellos más adelante, si lo desean.
Permanecerá con ellos la persona que les ha ido informando periódicamente; «les permitirá», animará y aceptará cualquier tipo de expresión de sus sentimientos, manteniendo una actitud empática.
La contemplación del cuerpo del fallecido es muy importante para evitar posteriores fantasías, temores y fantasmas. La persona que se haga cargo de los familiares del fallecido :
Les advertirá si el cuerpo presenta alteraciones visibles o cual es su aspecto actual (intubado, conectado al respirador si es donante de órganos,etc.)
Les permitirá que le toquen y le hablen, «que puedan despedirse».
Les permitirá que le toquen y le hablen, «que puedan despedirse».
Les acompafiará durante todo el tiempo que permanezcan con el cadáver. No suele prolongarse más allá de 15 minutos.Les invitará a salir transcurrido ese tiempo.
Durante las primeras horas del duelo, se tendrán en cuenta las siguientes directrices:
Se avisará, si lo desean, a algún familiar o amigo.
Se les ayudará a expresar sus sentimientos «a su modo y manera», manteniendo una comprensión empática.
Se les animará a que hablen de sus sentimientos hacia el fallecido, sin forzar nunca la situación. Respetar el silencio. Acompañarles.
Ayudarles a asumir la hostilidad, especialmente la dirigida contra el difunto, el médico, el sistema sanitario.
Ayudarles a iniciar las gestiones necesarias.
En los casos en que no toman decisiones, sugerirles que vayan a comer, dormir, etc.
Evitar al máximo tranquilizantes e hipnóticos. A veces resultan cómodos para el personal o determinados familiares, pero son peligrosos porque pueden posponer o patologizar el duelo.
La vida está sembrada de pequeñas y grandes pérdidas.
La muerte de un ser querido es una experiencia humana atroz, por la que todos tenemos que pasar en algún momento de nuestra existencia.
Un proceso de duelo, al que no podemos escapar, que es inevitable, que siempre se producirá, es la única respuesta posible.
Cuanto más activo sea, menor será su duración y el riesgo de que resurja de modo distorsionado en el futuro:
Es la manera más «sana» de hacer un duelo.
A pesar de la carga de sufrimiento que origina, puede transformar una experiencia aparentemente negativa en positiva, por el potencial creativo y de crecimiento que conlleva. De la muerte surge la esperanza y con la esperanza, una nueva vida.
Los profesionales sanitarios, están actualmente muy cerca de los dolientes y sus familiares. Si tienen conocimientos científicos del duelo y experiencias vitales del dolor humano, están en condiciones de ayudar y consolar a las personas que pasan por el trance de perder a un ser querido.
«El duelo es tan natural como
llorar cuando te lastimas,
dormir cuando estás cansado,
comer cuando tienes hambre,
estornudar cuando te pica la nariz.
Es la manera en que la naturaleza
sana un corazón roto.»
Doug Manning
«No me quites mi duelo»